Un estudio conjunto de la consultora Criteria y la caja de compensación Caja Los Héroes, realizado en enero de 2026 a 1.021 personas con representatividad nacional, muestra un marcado interés entre los más jóvenes por estudiar y trabajar temporalmente en el extranjero. La encuesta apunta a una motivación pragmática: buscar mejores oportunidades laborales y complementar la formación, más que a una emigración definitiva.
Según los datos, el 57% de los encuestados entre 18 y 29 años está “bastante” o “muy” interesado en estudiar fuera. Entre las motivaciones, el 53% menciona acceder a mejores oportunidades laborales, el 45% aprender o perfeccionar un idioma y el 41% mejorar su formación académica. Los programas preferidos son cursos de idioma (50%) y diplomados o cursos cortos (40%), indicadores que refuerzan la idea de una experiencia acotada y orientada a resultados concretos.
La encuesta también indaga sobre la proyección tras los estudios: el 61% de quienes consideran estudiar fuera dice que tiene interés en trabajar en el extranjero una vez finalizados los estudios, pero solo el 24% proyecta una estadía indefinida. Un 31% optaría por quedarse entre uno y tres años, y un 20% no tiene un plazo definido. El arraigo familiar y el proyecto de vida en Chile siguen presentes como factores relevantes en las decisiones.
Para Jorge Oliva, gerente general de Caja Los Héroes, la lectura del estudio debe ser estratégica. Oliva interpreta que muchos jóvenes no ven la salida como una ruptura con Chile, sino como una vía para ampliar redes, competencias y oportunidades laborales, que luego podrían aportar al país si se generan condiciones de retorno.
El interés juvenil por movilizarse cobra especial significado en el contexto demográfico nacional. Las proyecciones indican que, a partir de 2035, comenzará a reducirse la población en edad potencialmente activa, la que va de 15 a 64 años, lo que presionará al mercado laboral y a los sistemas de protección social. En ese escenario, retener y revalorizar talento pasa por políticas públicas y privadas que mejoren condiciones laborales, reconocimiento de experiencias internacionales y garantías de protección social que faciliten la reinserción.
La discusión, por tanto, cruza empleadores, universidades y el Estado. Más allá de incentivos puntuales, el desafío es construir trayectorias laborales atractivas para distintas generaciones y valorar la movilidad internacional como un aporte, no como una pérdida. Cómo se traduzcan esas ideas en programas concretos, en marcos de protección social y en oportunidades laborales será clave para que la salida temporal se convierta en un capital para el país, y no en una fuga permanente.
