El relato de Fernando Solabarrieta durante el Mundial 2026 no fue el de siempre. Mientras Irán y Bélgica disputaban su partido de grupo, el periodista chileno se detuvo en algo que las cámaras no podían mostrar: la carga política que cargan los futbolistas iraníes cada vez que salen a la cancha, enfrentados no solo al rival de turno sino a las tensiones que vive su país con Estados Unidos.

Esa narración resonó hasta Eslovenia. La embajada de Irán en ese país europeo la destacó en sus redes sociales y la calificó de "un emocionante reporte", un gesto diplomático poco frecuente hacia un periodista extranjero.

Solabarrieta no se limitó a describir jugadas durante el empate entre ambas selecciones. Reflexionó sobre la perseverancia de los jugadores iraníes en medio de una realidad compleja, y puso especial énfasis en uno de ellos: Alireza Beiranvand, arquero titular de Irán, cuya historia personal es tan llamativa como su juego bajo los palos. Beiranvand creció en la pobreza, trabajó como pastor de ovejas y luego como guardia de seguridad antes de convertirse en uno de los porteros más reconocidos del fútbol asiático. El periodista lo presentó como símbolo del espíritu de toda una selección.

El reconocimiento de la embajada iraní en Eslovenia circuló rápidamente entre seguidores del fútbol y usuarios interesados en la política internacional. Solabarrieta, referente del periodismo deportivo chileno desde hace décadas, recibió así un elogio que cruza el deporte hacia la diplomacia.

Con el punto conseguido ante Bélgica, Irán mantiene opciones en la fase de grupos del Mundial 2026.