La discusión sobre el uso del celular suele apuntar a niños y adolescentes. Pero una investigación publicada en la revista Frontiers in Psychology giró el foco hacia los adultos: ¿qué pasa cuando son los padres o cuidadores quienes pasan demasiado tiempo pegados al teléfono?

El estudio, cuyos resultados fueron divulgados por BioBío Chile, encuestó a 600 adolescentes de entre 12 y 17 años, representativos de la población general de Estados Unidos. La pregunta central era cómo percibían los jóvenes el uso de dispositivos por parte de sus cuidadores. La respuesta fue inquietante: a mayor percepción de interferencia del teléfono, mayores eran también los niveles de apego inseguro, tanto ansioso como evitativo.

El apego inseguro es un patrón de vinculación que se forma cuando las figuras de cuidado no responden de manera consistente o disponible. Quienes lo desarrollan pueden volverse excesivamente dependientes de la aprobación ajena, o bien evitar las relaciones para protegerse del daño emocional. Ambos patrones se asocian con peores indicadores de salud mental y física a largo plazo.

El doctor Don Grant, del Centro de Investigación e Innovación de Newport Healthcare y uno de los autores principales del estudio, lleva cerca de una década observando este fenómeno. "Hace unos 10 años comencé a notar algunos comportamientos preocupantes en el uso de dispositivos por parte de los cuidadores principales", explicó. "Mis pacientes adolescentes también comenzaron a compartir sus sentimientos negativos sobre esos comportamientos durante las sesiones de terapia familiar".

Grant también recordó el caso de una colega psicóloga clínica cuya hija le preguntó si quería más a su teléfono que a ella. La anécdota ilustra lo que el estudio confirmó con datos: los niños perciben cuándo compiten con una pantalla por la atención de sus padres, y esa percepción deja huella.

Para medir el fenómeno de forma sistemática, los investigadores desarrollaron la "escala de interferencia del apego a los dispositivos", un instrumento que pedía a los adolescentes evaluar cómo el celular de sus cuidadores afectaba la atención, disponibilidad e interacción que recibían.

Los resultados fueron consistentes en todos los grupos analizados, lo que llevó al equipo a concluir que el problema no es marginal. Los investigadores señalaron que la solidez de los hallazgos respalda la necesidad de incorporar el uso parental de dispositivos como variable en los programas de salud mental para adolescentes.