En Estados Unidos, usuarios jóvenes en plataformas como TikTok, X e Instagram han viralizado una moda llamada Chinamaxxing, en la que replican rutinas cotidianas asociadas a China, desde beber agua caliente en ayunas hasta practicar tai chi o cocinar recetas tradicionales. Los videos, publicados en las últimas semanas, combinan humor, consejos de bienestar y referencias culturales que han acumulado amplia difusión y reacciones encontradas.
Los clips muestran prácticas diversas: consumidores presumen de sentir menos hinchazón tras beber agua caliente con jengibre, otros celebran usar prendas rojas para el Año Nuevo chino, y algunos se esfuerzan por lograr el arroz perfecto con arroceras eléctricas. Un video del influencer Chao Ban, que suma más de 340.000 "me gusta", satiriza la adopción simultánea de tecnología y productos chinos, planteando la ironía de depender de esa manufactura mientras se reclama otra identidad cultural. En muchos posts también aparece la frase tomada de la película El Club de la Lucha, usada con tono jocoso para señalar cambios personales.
La tendencia no es solo estética. Para críticos, Chinamaxxing funciona como una respuesta cultural a la percepción de estancamiento en Estados Unidos, y a la vez reproduce una imagen simplificada de China. Daniel Ahmad, director de investigación en la firma estadounidense Niko Partners, sostiene que la Generación Z y los millennials usan este tipo de modas para expresar frustración por la falta de oportunidades en Occidente, al tiempo que observan el desarrollismo chino "a través de una lente parcialmente estética y orientalista".
Defensores de los creadores argumentan que muchos experimentan beneficios reales en lo cotidiano y que la práctica fomenta curiosidad por otra cultura. Sus críticos advierten sobre apropiación cultural y sobre una visión que exagera aspectos modernos de China mientras ignora complejidades políticas y de derechos humanos. Las plataformas involucradas, como TikTok, X e Instagram, actúan como amplificadores de estas conversaciones, tanto por su alcance como por los algoritmos que priorizan contenidos virales.
Para Chile y América Latina, el fenómeno tiene lectura práctica: China es hoy el principal socio comercial de Chile, y su influencia económica y cultural se percibe en consumo, tecnologías y mediación cultural. Que jóvenes estadounidenses celebren o esteticien prácticas chinas es otra señal del crecimiento del poder blando chino, que puede moldear percepciones sobre inversión, turismo y productos culturales. A nivel regional, esto podría traducirse en mayor familiaridad con productos y costumbres chinas, pero también en la necesidad de debates públicos sobre cómo se representan otras culturas y qué implicancias geopolíticas trae esa imagen.
La discusión en redes probablemente seguirá evolucionando: la tendencia mezcla entretenimiento, mercadotecnia y reflexión social, y plantea preguntas sobre cómo las audiencias contemporáneas negocian identidad, consumo y admiración por modelos de desarrollo extranjeros. Los próximos meses dirán si Chinamaxxing queda como curiosidad viral o si deja una huella más duradera en la percepción global de China.

