El dúo británico Pet Shop Boys ofreció la segunda noche del Festival de Viña, el lunes 23 en la Quinta Vergara, con su montaje Dreamworld The Greatest Hits Live, y dejó uno de los momentos más comentados: el público, conocido en el certamen como el “Monstruo”, coreó a una sola voz el estribillo de Domino Dancing y el cantante Neil Tennant celebró con "Viña doing well, muy bien".
La presentación, que se concretó tras lo que la organización describe como intentos previos, volvió a poner en tensión dos cosas que definen al festival. Por un lado, la fascinación por los números anglo que durante décadas dejaron imágenes icónicas en la Quinta Vergara. Por otro, las dificultades prácticas y de negociación que implica traer a íconos internacionales, un punto que Daniel Merino, director ejecutivo del Festival Internacional de la Canción de Viña del Mar, explicó a este medio cuando dijo que con los artistas anglo las conversaciones suelen ser más largas porque hay que explicarles el comportamiento del público y las particularidades del certamen. En la información previa aparece que hubo intentos en 2024 y en un registro fechado como "205", que parece un error tipográfico y no fue aclarado públicamente.
En lo escénico, la apuesta de Pet Shop Boys privilegió la luz, las capas visuales y juegos de estructura: cortinas mesh transparentes que subían o bajaban para separar a los músicos, un trabajo lumínico pensado para proyectar formas sobre las figuras, y una puesta que buscó alternar energía de pista con momentos más íntimos. Esa lectura fue destacada por la cantante chilena Princesa Alba, quien asistió al show y valoró "la experiencia que generaron, con diferentes capas de escenario" y la importancia de la iluminación como nervio de la noche.
Esa prioridad por lo visual y lo electrónico es, justamente, la diferencia con otros hitos anglo que forman parte de la memoria del festival. Artistas como Sting, conocido por su paso de líder de la banda The Police a solista y sus montajes sinfónicos, o Elton John, pianista y cantante británico cuyo recital suele basarse en la teatralidad y la proximidad con el público, dejaron en Viña escenas de otra factura: momentos pensados en la épica orquestal o en la intimidad teatral. Músicos y críticos consultados por este medio señalan que Pet Shop Boys se inscribe en la tradición de los grandes nombres anglo, pero aportando una variante electrónica y visual que dialoga diferente con el “Monstruo”.
La relación entre público y artistas en Viña tiene una dinámica propia: la interactividad, las pausas para el diálogo con los animadores y la posibilidad de reprobación o aprobación instantánea obligan a cualquier show a readaptar su lenguaje. Esa necesidad operativa fue la que, según Merino, impuso conversaciones extendidas con el equipo británico y, además, cambios técnicos en el escenario para que la propuesta audiovisual funcionara.
Más allá del espectáculo estrictamente musical, la noche revela algo de la cultura pop chilena contemporánea: la pasión por el pop británico persiste y convive con una escena local que mira, asimila y reinterpreta esas influencias. La presencia de artistas chilenos en platea y palcos, y la resonancia en redes, demuestra que el Festival de Viña sigue siendo un termómetro para medir cómo un acto internacional se vuelve experiencia colectiva en Chile.
Queda, entonces, una lectura doble sobre el lugar que ocupan Pet Shop Boys en la historia del certamen. Por una parte, su show sumó un eslabón memorable entre los grandes conciertos anglo por la comunión que logró con el público y por su estética detallista. Por otra, su propuesta no busca la grandilocuencia sinfónica ni la intimidad pianística de otros hitos; más bien explora la potencia de lo visual y la coreografía de luces para sostener el pop.
Si se piensa en la programación futura, la experiencia reafirma que traer nombres anglo exige tiempo y ajustes técnicos, pero que la recompensa puede ser alta: un momento colectivo que vuelve a poner a Viña como escenario de encuentros culturales entre lo local y lo global. En ese sentido, la presentación de Pet Shop Boys no solo rememora lo que han sido Sting o Elton John en el festival, sino que amplía las posibilidades de cómo se cuentan hoy esas épicas en la Quinta Vergara.