La chispa del Festival Bamba nació tras el cierre de Juanes en Lollapalooza Chile 2019. En el backstage, Sebastián de la Barra, director de Lollapalooza Chile y de la productora Lotus, conversó con el artista y encendió la idea de crear un festival de la factura de Lollapalooza, pero centrado en la música latinoamericana. “Tuvo un gran público, buena ovación, le fue súper bien”, recuerda De la Barra, quien señala que esa conversación dio inicio a un proyecto que hoy toma forma.
El proyecto, impulsado por Lotus junto a Juanes, se transforma en Festival Bamba, que debuta los días 24 y 25 de octubre en el Parque O’Higgins de Santiago. El lugar, que ya fue escenario recurrente de Lollapalooza Chile, aparece como el presunto escenario natural para un evento pensado para dos jornadas, con un espíritu de festival mayor y una línea artística centrada en la región. Es distinto, viene a complementar, afirma su equipo sobre la propuesta frente a Viña del Mar.
El debut pudo haber ocurrido antes. El plan original apuntaba a 2020, cuando Juanes fue reconocido como Persona del Año en los Premios Latin Grammy, pero dos semanas antes estalló el estallido social en Chile y luego llegó la pandemia. Así, seis años después, las condiciones finalmente se sumaron para sacar adelante la idea y dejar atrás los retrasos que marcaron su génesis.
El nombre del festival alude a La Bamba, la canción tradicional mexicana que convirtió una melodía latina en un himno del rock and roll gracias a la versión de Ritchie Valens, cruzando dos universos musicales. En ese puente entre lo local y lo universal reside una de las apuestas de Bamba: traer artistas icónicos de la región como Marc Anthony, Fito Páez o Carlos Vives, junto a Juanes como motor de la propuesta.
La agenda provisional que se ha dejado entrever sitúa a las figuras internacionales dentro de un cuadro más amplio de artistas latinoamericanos que dialogan con la escena local. En la conversación con Culto, De la Barra subraya el rol de la nueva propuesta como un complemento para la oferta cultural de la ciudad y la región, sin pretender competir con Viña del Mar, sino abrir un espacio de encuentro entre públicos y ritmos que laten a la zona sur y centro de América. Este primer paso promete dinamizar la escena musical de Santiago, generar alianzas con artistas, sellos y productoras, y sumar un escenario permanente para la música latina en la capital del país.
