Un metaanálisis publicado en The Conversation por David Moreau, profesor de Psicología de la Universidad de Auckland, revisó evidencia experimental entre 1958 y 2025 para evaluar si el ayuno intermitente perjudica la capacidad mental. La síntesis incluyó 71 estudios, con 3.484 participantes y 222 medidas cognitivas distintas, y comparó el rendimiento de personas en ayuno contra quienes habían comido recientemente.
La conclusión general fue que, en adultos sanos, no se observaron diferencias significativas en pruebas de atención, memoria y funciones ejecutivas entre quienes ayunaban y quienes estaban alimentados. Ese hallazgo principal proviene de la revisión señalada por Moreau en The Conversation, que reúne estudios experimentales diseñados para medir el efecto inmediato del ayuno sobre el rendimiento cognitivo.
El análisis también ofrece una explicación fisiológica plausible. Tras alrededor de 12 horas sin ingerir alimentos disminuyen las reservas de glucógeno y el organismo comienza a usar grasa como fuente de energía, produciendo cuerpos cetónicos como el acetoacetato y el beta-hidroxibutirato. Esos compuestos pueden servir como combustible alternativo para el cerebro y, según los autores, ayudan a mantener un suministro energético estable durante periodos cortos de ayuno.
Sin embargo, el metaanálisis detectó matices importantes. Los datos indican que niños y adolescentes obtuvieron peores resultados en algunas pruebas cognitivas, aunque la muestra juvenil fue más limitada que la de adultos. Además, los estudios revisados varían mucho en duración del ayuno, tipo de tareas cognitivas y condiciones experimentales, lo que introduce heterogeneidad en los resultados y limita la capacidad para sacar conclusiones definitivas para todos los grupos poblacionales.
Hay otras limitaciones relevantes: la mayoría de los trabajos se centró en ayunos de corto plazo y en adultos sanos, usaron pruebas de laboratorio que no siempre reflejan tareas reales de la vida diaria, y muchos estudios tuvieron tamaños muestrales modestos. Por eso los autores señalan la necesidad de más investigación en poblaciones específicas, como personas mayores, quienes viven con diabetes o quienes realizan turnos nocturnos, y en ayunos más prolongados o repetidos.
Para lectores chilenos que practican o consideran el ayuno intermitente, las implicancias prácticas son claras pero cautas. Si usted es un adulto sano y realiza esquemas comunes de ayuno intermitente, la evidencia actual sugiere que es poco probable que su atención o memoria se vean afectadas a corto plazo. En cambio, se recomienda evitar imponer ayunos prolongados a niños o adolescentes antes de actividades escolares exigentes, hasta que haya más evidencia. Quienes viven con diabetes o toman medicamentos que afectan la glucosa en sangre deben consultar a su médico o a un equipo de salud antes de cambiar patrones de alimentación; la Asociación Americana de Diabetes (American Diabetes Association, ADA) advierte sobre riesgos de hipoglucemia en personas bajo tratamiento hipoglucemiante durante periodos sin alimento.
En resumen, el metaanálisis aporta tranquilidad relativa para adultos sanos, pero no cierra la discusión. Faltan estudios que examinen efectos a largo plazo, subgrupos vulnerables y cómo interactúan el sueño, la hidratación y la actividad física con el ayuno. Mientras tanto, la recomendación práctica es individualizar: si el objetivo es salud metabólica, considere asesoría profesional; si hay deterioro del ánimo, concentración u otros síntomas durante el ayuno, consulte a un profesional de la salud.
