En la apertura de sesiones ordinarias del Congreso en Buenos Aires, el presidente argentino Javier Milei dedicó la noche a confrontar al kirchnerismo y a tildarlo como su principal adversario de cara a los desafíos legislativos de este año y a las elecciones de 2027. El mandatario habló durante más de dos horas y la sesión estuvo marcada por interrupciones, gritos y cruces entre bloques.
En un contexto de fuerte fragmentación parlamentaria y reordenamiento de alianzas, Milei acusó al kirchnerismo de ser “golpista” y de buscar generar problemas económicos. Interrumpió su propia lectura en varias ocasiones para responder a diputados y senadores. En el recinto, miembros del oficialismo, el gabinete y militantes acompañaron con cánticos y consignas, como "tobillera", que buscaban enfatizar la dureza del discurso.
El presidente no escatimó en ataques personales contra su antecesora, Cristina Fernández de Kirchner, expresidenta y líder del kirchnerismo, a quien calificó de “corrupta” y “la jefa de la banda”, y afirmó "va a seguir presa" por las causas que la afectan, una afirmación que corresponde a su discurso y no a una decisión judicial. También reprochó a legisladores que responden a esa fuerza y los insultó por haber apoyado la firma del Memorándum con Irán, un episodio que sigue siendo un punto de fricción en la política argentina.
Hubo choques concretos en la sala. Germán Martínez, jefe de la bancada de Unión por la Patria, reprochó la actitud presidencial ante el titular de la Cámara, Martín Menem, y Milei respondió con acusaciones de corrupción contra el oficialismo. La ministra Kelly Olmos, quien fue ministra de Trabajo durante parte del gobierno de Alberto Fernández, le cuestionó el aumento del desempleo, y el presidente le replicó con desprecio a sus datos y a su intervención pública.
Según fuentes consultadas por este medio, el discurso fue elaborado por Milei con la colaboración del asesor Santiago Caputo, y los detalles se ultimaron en una reunión en la Quinta de Olivos con Manuel Adorni. En el entorno del presidente celebraron la dureza con que se dirigió a sus adversarios como una forma de reforzar la cohesión interna del nuevo espacio gobernante.
Históricamente, la política argentina se ha movido entre períodos de fuerte polarización entre corrientes peronistas y anti-peronistas. En ese contexto, la estrategia de Milei remite a precedentes en que una radicalización pública busca consolidar la base electoral a costa de agravar la fragmentación legislativa. Quien gana con este estilo es la base dura del oficialismo; quien pierde es la posibilidad de acuerdos amplios en un Congreso dividido.
Para el ciudadano común, la dinámica tiene consecuencias concretas: mayor riesgo de estancamiento de reformas, incertidumbre sobre políticas económicas y mayor volatilidad en las expectativas empresariales y financieras en la región. Para Chile y Latinoamérica, una escalada de tensión política en Argentina puede traducirse en ruido en los mercados regionales y en imprevisibilidad en relaciones comerciales y de inversiones bilaterales.
El próximo paso será la tramitación de la agenda legislativa que proponga el Ejecutivo y la capacidad real de Milei para negociar con bloques fragmentados. La tensión planteada en la apertura de sesiones fija el tono político para los próximos meses y adelanta una campaña 2027 que ya se disputa en el Congreso, además de en las plazas y redes sociales.