En 2025 el mercado automotriz chileno cambió de cara, con la llegada masiva de marcas asiáticas, sobre todo chinas, que han desplazado a fabricantes europeos y estadounidenses en volumen de ventas. El fenómeno se registró a lo largo del año en concesionarios y en las cifras oficiales del sector.

Según la Asociación Nacional Automotriz de Chile (ANAC), que agrupa a importadores y distribuidores del país, las marcas de Asia concentran 72% de las unidades vendidas en 2025. China pasó a representar 32,4% de los autos importados, seguida por Japón con 26,3% y Corea del Sur con 14%. En contraste, Estados Unidos quedó en 13,2%, Francia en 7,4% y Alemania en 5,2%.

El cambio no ocurrió de la nada. En 2019, antes de la pandemia, operaban alrededor de 53 marcas en Chile; siete años después esa cifra subió a 88. En el mismo período la concentración de las diez marcas líderes cayó del 63% al 56% del mercado, lo que refleja una fragmentación con más jugadores. Además, aunque el sector se está recuperando respecto a 2024, en 2025 comercializó 310.000 unidades, un número que sigue por debajo de los picos récord de 2021 y 2022.

¿Por qué ganaron terreno las marcas asiáticas? En lenguaje simple, porque trajeron más opciones a mejor precio y con condiciones de financiamiento atractivas. Las marcas chinas combinaron precios agresivos, garantías amplias y modelos equipados, además de abastecimiento directo y economías de escala por volúmenes de producción. Es como cuando un supermercado introduce una marca propia más barata y bien presentada, y muchos consumidores la prueban por primera vez.

Para el consumidor chileno la consecuencia inmediata es positiva en el corto plazo: más alternativas y precios más competitivos, especialmente en modelos compactos y SUV. Pero hay riesgos: la depreciación y el valor de reventa pueden ser más volátiles, la red de servicios y repuestos puede tardar en consolidarse, y la percepción de calidad todavía pesa para ciertos compradores.

En la industria y el comercio local el efecto es de presión en los márgenes. Importadores y concesionarios tradicionales ven reducir su cuota y enfrentan la necesidad de reconvertir sus modelos de negocio, por ejemplo mejorando el servicio postventa, ofreciendo financiación propia o asociándose con marcas emergentes. Para talleres, repuesteros y empresas de posventa, el cambio abre oportunidades y desafíos: más vehículos en la calle, pero con piezas y estándares distintos.

Mirando hacia adelante, la tendencia dependerá de dos variables clave: si las marcas asiáticas consolidan redes de servicio y repuestos en Chile, y cómo evolucionen las condiciones financieras, como las tasas de interés, que afectan la compra de vehículos. El mercado local ya mostró que puede cambiar rápido, igual que el comprador que decide probar una marca nueva por un precio atractivo, y ahora la pregunta es si esa preferencia será permanente o mutable según la experiencia de uso y la oferta de posventa.