A pocos días de la asunción de José Antonio Kast, Ignacio Walker, exministro de Relaciones Exteriores y exsenador, puso en tela de juicio la orientación que adoptará la política exterior chilena. En conversación con CNN Chile, Walker vinculó ese debate con una reciente medida del Departamento de Estado de Estados Unidos, que revocó visas diplomáticas a funcionarios chilenos.
Walker llamó a preservar la llamada tradición de Estado en la diplomacia, es decir, la continuidad y defensa de los intereses permanentes de la nación, y advirtió frente al riesgo de supeditar esa política a alineamientos ideológicos. En ese contexto cuestionó públicamente al presidente electo con esta pregunta: “¿va a velar por la autonomía y la soberanía de la política exterior chilena, o se va a sumar a una política de seguridad nacional de Estados Unidos, basada en el interés de Estados Unidos, que es el America First?”.
El excanciller señaló que la revocación afecta a tres funcionarios, entre ellos Juan Carlos Muñoz, ministro de Transportes y Telecomunicaciones de Chile, y la calificó como "unilateral, sorpresiva y desconcertante". Walker vinculó la medida con el avance del proyecto del cable submarino transpacífico con China y la interpretó como una doble señal: un castigo al gobierno del presidente Gabriel Boric y una advertencia al equipo entrante sobre los términos que esperaría Washington.
El viaje de Kast a Miami el 7 de marzo fue otro punto que Walker analizó, pues allí el presidente electo sostendrá encuentros con líderes internacionales, según la agenda reportada. Para Walker existe un legítimo derecho a reunirse con aliados, pero insistió en que la pregunta clave es si esas citas se traducirán en defensa del interés nacional o en adhesión a políticas externas partidistas. "Si el presidente entrante va a politizar o ideologizar la política exterior, estamos en un problema", dijo.
Las implicaciones concretas para los ciudadanos son prácticas: decisiones sobre inversiones, proyectos tecnológicos como el cable submarino, y la predictibilidad en acuerdos comerciales y multilaterales. Históricamente, Chile ha procurado mantener continuidad diplomática entre administraciones para proteger esos intereses permanentes; cualquier giro fuerte puede generar fricciones con socios, incertidumbre empresarial y debate político interno.
En el plano doméstico, la tensión llega cuando la opinión pública muestra expectativas divididas: una encuesta Plaza Pública Cadem indica que 54% cree que al país le irá bien con el gobierno de Kast, mientras la oposición ya prepara un escrutinio sobre cualquier cambio en la orientación exterior. Los próximos pasos serán el contenido público de la agenda de Kast en Miami y las señales que su gobierno dé sobre autonomía frente a presiones externas. Si priman la pragmática defensa de intereses nacionales, la tradición de Estado se mantendrá; si prima la ideología, los costos diplomáticos y económicos podrían materializarse pronto.
