Jenny Johnson, directora ejecutiva de Franklin Templeton, dijo al Financial Times esta semana que los nuevos avances en IA (inteligencia artificial) representan una amenaza de largo plazo para las empresas de software empresarial. Johnson, que lidera la gestora global con US$1,7 billones bajo administración, señaló su preocupación tras probar modelos como Claude y su versión Opus 4.6, desarrollada por la startup Anthropic.

La advertencia surge en medio de una ola de ventas en acciones de firmas de capital privado, conocidas en inglés como private equity, y de prestamistas de crédito privado que habían apostado fuertemente por compañías de software. Johnson dijo que, aunque muchas de esas empresas siguen generando “muchísimo dinero” y pueden estar sobrevendidas en el corto plazo, existe una amenaza para su modelo de negocio de largo plazo. "Es una preocupación legítima cuando se observan las capacidades de programación con, por ejemplo, Claude", dijo en la entrevista.

Anthropic es una empresa de IA con sede en Estados Unidos que desarrolla modelos conversacionales llamados Claude, similares a ChatGPT de OpenAI. Opus 4.6 es una versión reciente de ese modelo; Johnson contó que pasó un fin de semana intentando programar con él para entender mejor las capacidades. La idea central es que modelos cada vez más potentes pueden automatizar tareas de desarrollo y personalización que hoy justifican licencias y contratos caros en software empresarial.

El efecto para el mercado es directo. Si las herramientas basadas en IA permiten reemplazar funciones del software tradicional, los compradores corporativos podrían negociar precios más bajos o preferir soluciones abiertas y asistidas por IA. Eso reduce la expectativa de ingresos futuros que usan los fondos de capital privado para valorar empresas, complica ventas planificadas y presiona a los prestamistas que financiaron las adquisiciones. Además, algunos grupos están considerando retrasar desinversiones y usar estructuras llamadas continuation vehicles, que son fondos que mantienen activos cuando no es buen momento para venderlos.

Para el ecosistema chileno, el mensaje tiene dos caras. Si eres una pyme o un área TI en una empresa chilena, la llegada de IA más accesible podría bajar costos y acelerar automatizaciones, como cuando una calculadora reemplazó operaciones manuales. Pero si trabajas en una empresa de software B2B en Chile o eres inversionista, hay riesgo: valuaciones, planes de venta y la capacidad de refinanciar deuda pueden verse afectados. Los gestores locales de capital privado que buscaron rendimientos mediante inversiones en software deberán revisar supuestos sobre crecimiento y barreras de entrada.

La respuesta práctica para empresas y fondos en Chile es clara: integrar IA en productos y servicios, asegurar modelos de ingresos recurrentes por suscripción que sean menos vulnerables a una caída en licencias puntuales, y documentar ventajas competitivas que no sean fácilmente replicables por modelos generales de IA. Para los prestamistas, la lección es ajustar el horizonte de riesgo y los supuestos de refinanciamiento.

Los comentarios de Johnson reflejan un consenso creciente entre inversionistas, pero no implican el colapso inmediato del sector. Más bien, son una llamada de atención para que empresarios, fondos y reguladores reconsideren expectativas y estrategias ante cambios tecnológicos rápidos. Habrá que ver si los próximos trimestres confirman una revaluación sostenida del software empresarial o si las compañías logran adaptarse incorporando la IA como parte de su oferta y ventaja competitiva.