El Colegio de Médicos Veterinarios de Costa Rica comunicó que ningún veterinario está autorizado a prestar atención médica a personas que se autoidentifiquen como “therian”, y advirtió que hacerlo podría implicar sanciones éticas y denuncias por ejercicio ilegal de la medicina humana. El colegio argumenta además que medicamentos y tratamientos veterinarios están diseñados por especie y no son extrapolables a humanos, independientemente de la autopercepción. Contexto científico y definiciones El término “therian” se usa para describir a personas que se identifican, en sentido psicológico o espiritual, con animales no humanos. No es un diagnóstico médico estandarizado; más bien, se trata de una identidad que ha cobrado visibilidad en comunidades en línea y en reportajes de prensa (ver BBC y otras coberturas sobre comunidades otherkin y therian). Al mismo tiempo, la medicina veterinaria y la medicina humana son disciplinas con formación, protocolos y farmacologías distintas. Organizaciones profesionales de veterinaria, como la American Veterinary Medical Association, establecen claramente que la práctica veterinaria está dirigida a animales no humanos y no sustituye a la medicina humana. Implicancias éticas y profesionales La decisión del colegio costarricense plantea varios debates éticos y prácticos. Por un lado, protege límites profesionales razonables: evitar que veterinarios realicen procedimientos o prescripciones en humanos reduce riesgos de daño por uso inapropiado de fármacos y evita intrusismo profesional. También responde a preocupaciones de seguridad animal, ya que interacciones atípicas con personas que adoptan comportamientos animales pueden estresar a las mascotas. Por otro lado, la prohibición toca dimensiones de derechos y estigma. Personas que se identifican como therian pueden enfrentar discriminación si se les niegan accesos a espacios profesionales sin una evaluación individualizada. En salud, la regla general es separar la capacidad profesional de tratar una condición humana, que debería derivar a profesionales de la salud humana con formación y certificación. ¿Qué antecedentes hay en Chile? No existen, al menos públicamente y de forma amplia difundida, comunicados equivalentes emitidos por el Colegio Médico Veterinario de Chile u otras organizaciones veterinarias chilenas que prohíban expresamente la atención a personas que se autoidentifican como therian. En Chile, como en muchos países, la práctica médica humana está regulada y la atención de personas corresponde a profesionales titulados en medicina humana; la atención por parte de veterinarios podría, en la práctica, dar lugar a cuestionamientos legales o éticos si implicara actos médicos sobre personas. Perspectiva y recomendaciones La decisión costarricense clarifica límites profesionales, pero plantea la necesidad de matices. Recomendaciones prácticas que surgen del análisis: Claridad normativa: los colegios veterinarios en la región pueden explicar de forma pública y accesible qué constituye intrusismo y cómo derivar a personas que buscan ayuda fuera del ámbito veterinario. Capacitación en trato respetuoso: los equipos de salud animal y los establecimientos veterinarios deben recibir formación para interactuar sin estigmatizar a personas con identidades no convencionales, garantizando seguridad para animales y personas. Coordinación interprofesional: cuando una persona solicita ayuda por motivos que combinan aspectos psicosociales y conductuales, es recomendable el diálogo entre servicios de salud humana y veterinaria para definir derivaciones seguras. Fuentes y antecedentes citados Comunicado del Colegio de Médicos Veterinarios de Costa Rica, difundido públicamente por la institución.
American Veterinary Medical Association, Principles and policies on veterinary practice y alcance profesional.
Coberturas periodísticas y reportajes sobre comunidades otherkin y therian, que describen el fenómeno desde una perspectiva social y cultural, como las publicadas por la BBC. En síntesis La resolución del colegio costarricense refuerza límites profesionales y la importancia de no extrapolar tratamientos veterinarios a personas. Al mismo tiempo, obliga a combinar esa tutela con medidas que eviten estigmatización y promuevan derivaciones seguras hacia la salud humana cuando corresponda.