Hay árboles que cargan el peso de una civilización. El toromiro, especie endémica de Rapa Nui cuyo nombre científico es Sophora toromiro, fue durante siglos el material con que el pueblo rapanui talló sus objetos ceremoniales más sagrados. Luego llegó la extinción. En los años sesenta quedaba un solo ejemplar en la isla, y de él se extrajeron dos colectas de semillas antes de que muriera. Esas semillas se convirtieron en la última apuesta de supervivencia de una especie.
Seis décadas después, 287 plántulas de toromiro crecen hoy en el vivero de la Corporación Nacional Forestal (Conaf) en Rapa Nui, resultado de 19 años de trabajo coordinado por CMPC, la Compañía Manufacturera de Papeles y Cartones, junto a universidades internacionales, la Universidad de Concepción, el Jardín Botánico de Viña del Mar, Conaf y el doctor en Botánica Jaime Espejo. Las plántulas llegaron a la isla en 2025 y, según los responsables del proyecto, están creciendo bien.
"Ya creemos estar seguros de que el toromiro actualmente puede prosperar en Rapa Nui. Podemos hablar de éxito", dijo Jean Pierre Lasserre, gerente de planificación y tecnología forestal de CMPC. La declaración resume casi dos décadas de prueba y error en los laboratorios y viveros de la compañía en la Región del Biobío, donde la germinación de estas semillas exigió precisión y paciencia.
La apuesta va más allá de lo ambiental. Para el equipo, traer de vuelta el toromiro es también una deuda con la identidad rapanui. "Cada vez que sabemos de árboles amenazados, vemos la posibilidad de aplicar todo el conocimiento de especies que tenemos para apoyar la restauración o conservación de estas especies en peligro", explicó Lasserre.
El proyecto enfrenta ahora dos desafíos concretos. Primero, una prueba piloto en una pequeña parcela para confirmar que el árbol de flores amarillas puede sobrevivir fuera del vivero. Segundo, un plan más ambicioso: entregar una planta de toromiro a cada familia de la isla. "Estamos en condiciones de producir, sin ningún problema, alrededor de 1.000 plantas anuales para llevarlas a la isla", afirmó Lasserre. En dos o tres años, la meta es donar entre 2.000 y 3.000 plantas a las familias rapanui, para que el árbol sagrado eche raíces nuevamente en su tierra original.
