A casi 70 años de la muerte de Gabriela Mistral, el testamento de la poeta más universal de Chile sigue sin cumplirse. La Orden Franciscana vendió en 1978 la denominada Casa de las Palmeras, un inmueble ubicado en pleno centro de La Serena que perteneció a la Premio Nobel, pero nadie sabe adónde fueron esos recursos que, según la voluntad expresa de la autora, debían llegar a los niños pobres de Montegrande, en el Valle del Elqui.
La respuesta que entregó la congregación religiosa, ante la consulta de Reportajes T13, generó más preguntas que certezas. "Han transcurrido casi cincuenta años desde esos hechos. Los sistemas de archivo de la época eran muy distintos a los actuales y muchas de las personas directamente involucradas ya han fallecido, por lo que existe una imposibilidad material de acceder hoy a registros o respaldos", señalaron mediante comunicado.
El testamento de Mistral es explícito en su numeral tercero: "Todos los dineros que se me deban o que provengan de la venta de mis obras literarias en la América del Sur, se los lego a los niños pobres del pueblo de Montegrande, Valle del Elqui, Chile". La primera mujer latinoamericana en recibir el Premio Nobel de Literatura dejó poco espacio a la interpretación. La Orden Franciscana, que administraba sus bienes, vendió la propiedad 21 años después de su muerte, y los fondos nunca llegaron al Valle del Elqui.
En Montegrande, la frustración acumulada durante décadas tiene nombre y rostro. Amara Rivera, integrante de la Corporación Hijas e Hijos de Gabriela Mistral, resume el sentido de la demanda: "Nuestro objetivo es rescatar el legado testamentario que dejó Gabriela Mistral, el cual busca proteger y que todos sus bienes, muebles, inmuebles, lleguen acá a los niños de Montegrande". La organización lleva años exigiendo transparencia sobre el destino de esos recursos.
La urgencia que Rivera transmite va mucho más allá del patrimonio literario. "Estamos tremendamente solitarios. Son muy lindas las imágenes y los reportajes, pero la vida acá es totalmente distinta. Es totalmente cruda y los niños se nos están yendo de las manos. La drogadicción nos está ganando a pasos gigantes y parece que absolutamente a nadie le importa", afirmó. La poeta que dedicó gran parte de su obra a la infancia y a los desposeídos quería que su legado económico llegara precisamente a esa localidad andina. Décadas después, la deuda sigue pendiente y la Orden Franciscana no tiene documentos para responder.