La segunda noche del Festival Internacional de la Canción de Viña del Mar tuvo un giro sensorial cuando el dúo británico Pet Shop Boys presentó su Dreamworld Tour, un espectáculo tecnológico y teatral que desplegó vestuarios estrambóticos, pantallas envolventes y máscaras que llamaron la atención del público.
El show, traído por Neil Tennant, cantante y letrista británico, y Chris Lowe, tecladista y productor británico, exigió una adaptación del espacio en la Quinta Vergara que la organización definió como inusual. En efecto, la puesta en escena provocó la modificación del escenario por primera vez en 65 años, un dato que subraya la ambición técnica del montaje.
Uno de los recursos más visibles fueron las máscaras negras con forma de diapasón, la horquilla metálica que se usa para afinar instrumentos. Esa imagen no es caprichosa: el diapasón, aplicado como elemento escenográfico, convierte a Tennant y Lowe en una metáfora visible, en aparatos humanos que afinan el relato sonoro. Bajo la lógica del espectáculo, la dupla se presenta como "agentes de la música" dentro de un "mundo de los sueños" que combina iconografía electrónica y teatralidad pop.
En la performance, Tennant se quitó la máscara después de una parte del set, mientras que Lowe la mantuvo por más tiempo, un gesto que abrió lecturas sobre visibilidad, autoridad y persona en el pop contemporáneo. Para el público chileno esa ambivalencia fue parte del atractivo: algunos sectores celebraron la pulcritud estética y la puesta en escena, otros se quedaron interrogando el sentido detrás de la simbología tecnológica.
El Dreamworld Tour, que Pet Shop Boys ha presentado en vivo desde 2022, articula música sintética y dramaturgia visual, y en Viña contrastó de forma nítida con la noche anterior, en la que el tenor Matteo Bocelli cerró con una versión de "Gracias a la Vida" de la cantautora chilena Violeta Parra, un homenaje que apuntó a lo folclórico y lo nacional. Esa yuxtaposición, lo local frente a lo futurista, dejó en claro cómo el festival sigue siendo un escenario para conversaciones sobre identidad musical.
Más allá del gesto estético, las máscaras en forma de diapasón funcionan como una declaración sobre el rol del intérprete en la era digital: no solo ejecutores, sino operadores de sonido y de sentido. Queda por ver si esa imagen se consolida en la memoria colectiva del público o si, como en su propia metáfora, será afinada y reinterpretada en futuras presentaciones.