Un equipo de la Universidad de Bristol, Reino Unido, ha diseñado un zapato con una plantilla que integra 253 sensores para monitorizar en tiempo real la presión, la forma de pisar y el equilibrio, y enviar esos datos a una tablet, un teléfono o un reloj inteligente. El prototipo, impulsado por el biólogo Jiayang Li tras la experiencia con su mentor de 89 años, ya está en pruebas y será presentado a expertos de la industria para evaluar su viabilidad comercial.
La necesidad es grande: la Organización Mundial de la Salud (OMS) estima que entre el 30% y el 40% de las personas mayores de 65 años sufren al menos una caída cada año, y las caídas son una de las principales causas de lesión y pérdida de autonomía en la vejez (OMS, informe sobre prevención de caídas en adultos mayores). El invento busca trasladar al domicilio mediciones de calidad de laboratorio sobre la marcha, con una batería que, según sus creadores, duraría alrededor de tres meses entre cargas.
Desde la evidencia científica, herramientas que evalúan la marcha y el equilibrio pueden ser útiles para identificar riesgo de caídas, pero reducir la incidencia de caídas en la vida real exige intervenciones probadas. Revisiones sistemáticas, como las de Cochrane, muestran que programas de ejercicio y abordajes multifactoriales reducen las caídas en personas mayores; en cambio, la evidencia de que dispositivos tecnológicos por sí solos disminuyan las caídas aún es limitada y requiere ensayos clínicos controlados.
Para Chile, el dispositivo tiene potencial interés. Nuestra población envejece y la prevención de caídas es una prioridad para la atención primaria. Centros de Salud Familiar, programas de salud del adulto mayor y equipos de rehabilitación podrían ser escenarios para pilotos que evalúen si el zapato identifica deterioros funcionales relevantes y si esa información conduce a intervenciones efectivas. Sin embargo, hay barreras prácticas: costo, cobertura del sistema público y privado, protección de datos personales, adaptabilidad a distintos tipos de pie y problemas neurológicos, y la adherencia de las personas mayores al uso diario.
Qué hace falta ahora. Se necesitan ensayos clínicos amplios y diversos que midan resultados relevantes, como reducción en la tasa de caídas y en hospitalizaciones, además de evaluaciones de costo-efectividad y aceptación entre usuarios y equipos de salud. También será clave la validación técnica en poblaciones con enfermedades comunes en mayores, por ejemplo neuropatía diabética o Parkinson. Si los resultados son positivos, un siguiente paso sería diseñar pilotos en atención primaria en Chile, junto a autoridades sanitarias y universidades, para evaluar escalabilidad y equidad de acceso.
En resumen, el zapato con sensores es una propuesta interesante y técnicamente prometedora, pero por ahora debe considerarse como una tecnología en fase preliminar, que necesita validación clínica rigurosa antes de convertirse en una herramienta de salud pública. Fuentes: Organización Mundial de la Salud (OMS) y revisiones sistemáticas de Cochrane sobre prevención de caídas.
