Matteo Bocelli, cantante italiano, salió al escenario de la Quinta Vergara a las 02:53 de la madrugada durante la jornada inaugural del Festival de Viña del Mar 2026, una entrada que el público recibió con abucheos y reclamos en redes sociales, y que, según la organización, encendió alertas internas. La expectativa por su presentación había crecido después de su aparición junto a su padre, el tenor italiano Andrea Bocelli, en 2024, pero la hora en que apareció terminó marcando la conversación pública.

La noche se había ido alargando por encima de lo previsto: Gloria Estefan, la cantante cubana esperada para un show de 75 minutos, se extendió y ofreció algo más de hora y media; la rutina del comediante Stefan Kramer duró alrededor de 90 minutos; y la competencia internacional ocupó algo más de 20 minutos. Esos retrasos acumulados condicionaron la llegada de Bocelli y alimentaron el malestar de asistentes que llegaron con la expectativa de horarios más tempranos.

El Festival de Viña no es ajeno a jornadas que se prolongan hasta la madrugada. El récord de entradas más tardías lo tienen Yandar & Yostin, quienes subieron casi a las cuatro de la mañana en 2014 en una presentación recordada por su escaso repertorio. En 2020, la banda chilena Noche de Brujas ingresó a las 03:12 horas, en una jornada de cierre que también se hizo larga. Artistas urbanos han vivido horarios complejos en ediciones recientes: Paloma Mami cantó desde las 02:37 en 2023, y Young Cister actuó entre las 02:21 y las 03:14 en 2024. En la edición pasada, el promedio de cierre de las jornadas rondó las 02:00 de la mañana, y Carín León fue el artista que salió más tarde en 2025.

Más allá del reclamo por el horario, la presentación de Matteo Bocelli tuvo un momento simbólico: cerró su participación con una versión de "Gracias a la Vida" de Violeta Parra, una pieza que conecta directamente con la memoria musical chilena y que, en esta noche extensa, reforzó la idea del festival como un encuentro entre lo local y lo global. Ese gesto fue valorado por algunos asistentes, mientras que otros priorizaron la incomodidad por la hora.

La discusión que dejó la primera jornada de Viña 2026 abre preguntas sobre la logística del festival, la gestión de tiempos artísticos y la relación entre producción y público. La organización, alertada por las reacciones, deberá evaluar si modifica criterios de duración y orden de los números en las próximas noches, para equilibrar el respeto a los artistas internacionales y la experiencia de quienes asisten desde temprano. En el corazón de la controversia queda la tensión cotidiana del festival: ser espejo de la escena musical mundial sin perder el pulso con su público chileno.