Los resultados del Censo 2024 muestran algo más que 20 millones de habitantes en Chile. La noticia clave es la trayectoria: el crecimiento poblacional promedio en la próxima década sería cercano a 0,3% anual, y después comenzaría una disminución absoluta de la población.
Para entender la magnitud, en la década pasada el crecimiento fue 1,1% anual, por lo que 0,3% es mucho más bajo. En números aproximados, 0,3% sobre 20 millones equivale a unos 60.000 personas al año, frente a cerca de 220.000 anuales al ritmo previo. La tasa global de fecundidad, que es el promedio de hijos por mujer durante su vida, está por debajo de uno, cuando el nivel de reemplazo generacional es algo superior a dos.
El cambio generacional será marcado. Hoy una cohorte de adolescentes de 14 años forma parte de aproximadamente 3,3 millones de niños y jóvenes; dentro de 14 años, la cohorte equivalente de quienes nacen hoy sería cercana a 1,8 millones, una caída del orden del 45%. Al mismo tiempo, las personas sobre 65 años aumentarían en unos 1,8 millones hacia 2040, más de 60% respecto del nivel actual, y los mayores de 90 años se más que duplicarían.
Menos nacimientos y más envejecimiento actúan como un doble freno al crecimiento económico. El PIB potencial, es decir la capacidad máxima de la economía sin presionar la inflación, se ve limitado si la población en edad de trabajar deja de crecer. Es como intentar que un auto vaya más rápido sin aumentar el tamaño del motor; se requiere mejorar la eficiencia del motor en vez de añadir cilindros.
En términos fiscales, las proyecciones oficiales señalan que el gasto en salud podría duplicar su peso relativo en el Producto Interno Bruto hacia 2050. También habrá aumentos significativos en pensiones y en la Pensión Garantizada Universal, la PGU, que es el aporte estatal dirigido a complementar las pensiones más bajas. Eso tensiona la sostenibilidad fiscal, porque más gasto social deberá financiarse con una economía que crecerá menos en términos absolutos.
En lo laboral y de mercado, la menor entrada de jóvenes implica que el dinamismo deberá venir más del valor que del volumen: productividad, inversión en capital y adopción de tecnologías serán clave para compensar menos fuerza laboral. Además, aumentará la demanda por servicios de salud y cuidados. Un ejemplo local: en Antofagasta hay 6.170 personas acreditadas como cuidadoras, 87% mujeres, lo que muestra la actual concentración del trabajo de cuidado en mujeres y posibles brechas operativas si la demanda crece.
Perspectiva y medidas posibles ¿Qué pueden esperar empresas y hogares? Para las empresas, oportunidades en salud, cuidado, tecnología que aumente productividad, y mercados laborales más competitivos por trabajadores calificados. Para los hogares, potenciales presiones sobre impuestos o servicios públicos, y una mayor probabilidad de encontrar empleo en sectores vinculados al envejecimiento.
Las opciones de política públicas y privadas son conocidas pero costosas: mejorar productividad con inversión y capacitación, incentivar la participación laboral, diseñar reglas fiscales que consideren el envejecimiento, y usar la migración como herramienta de reposición de mano de obra, siempre que existan políticas de integración. También habrá que profesionalizar y reconocer el trabajo de cuidados, hoy mayoritariamente informal y femenino.
El giro demográfico no es un evento puntual, es un shock estructural. Se puede mitigar y adaptar, pero requiere planificación clara, recursos y tiempo. Para ciudadanos y empresas, la recomendación práctica es anticiparse: evaluar cómo el envejecimiento y la menor natalidad afectan tus finanzas, tu negocio o tu empleo, y ajustar decisiones de inversión y formación en consecuencia.
