La nueva normativa que prohíbe a los estudiantes usar celulares en las salas de clase entrará en vigor al inicio del año escolar 2026 y cubre desde primero básico hasta cuarto medio. En ese contexto, dos académicos analizan qué impacto podría tener la medida en la experiencia educativa frente a un mundo en que la conectividad domina el día a día. En una conversación para el programa A Bordo, Jonathan Martínez-Líbano y Valentina Errázuriz aportan visiones complementarias sobre el efecto de la prohibición. Martínez-Líbano, director del Magíster en Educación Emocional y Convivencia Escolar de la Universidad Andrés Bello, señala que reducir las distracciones podría favorecer la atención y la convivencia en el aula. Errázuriz, académica de la Facultad de Educación de la Universidad Católica, advierte que la clave estará en la implementación y en las medidas de apoyo para docentes y alumnos, especialmente aquellos que requieren dispositivos para apoyar su aprendizaje o en situaciones de emergencia.
La discusión de fondo no es solo técnica. Los especialistas destacan que la medida podría disminuir interrupciones y fomentar estrategias pedagógicas centradas en la interacción y la participación. Sin embargo, también señalan riesgos de inequidad: si algunos estudiantes dependen de dispositivos para acceder a materiales, comunicarse con la familia o recibir adaptaciones, la prohibición podría generar brechas si no se ofrecen alternativas claras y apoyo adecuado. En ese sentido, la autoridad educativa deberá definir protocolos de implementación, supervisión y continuidad del aprendizaje para quienes necesiten ajustes razonables.
Históricamente, Chile ha flexibilizado el uso de tecnología en el aula en distintos momentos, buscando balancear acceso y concentración. Esta normativa se inscribe en esa trayectoria como un intento de modernizar la experiencia educativa sin perder de vista la convivencia y la seguridad. El resultado dependerá de la coordinación entre docentes, familias y instituciones y de un plan de acompañamiento para schools de distintos contextos.
En conclusión, aunque existe consenso en que el uso desmedido de celulares puede afectar la atención, la efectividad de la medida dependerá de su implementación, del apoyo institucional y de la capacidad de adaptar la enseñanza a las necesidades reales de los estudiantes. El año escolar 2026 será el periodo para medir resultados y ajustar estrategias según sea necesario.
