Tras el anuncio del ministro de Hacienda Jorge Quiroz sobre la eliminación total de la Franquicia Tributaria SENCE, creada por el Servicio Nacional de Capacitación y Empleo, como parte del Plan de Reconstrucción Nacional, el debate se mantiene en el ámbito político y técnico.

Claudio Sepúlveda, CEO de RedCapacitacion.cl y referente con más de 25 años en el sector, sostiene que eliminar la franquicia es un error que va en dirección contraria a lo que Chile necesita para mejorar su productividad. Sin embargo, no defiende el statu quo: el modelo actual es un fracaso de política pública que ha priorizado el gasto por sobre la calidad. Hoy, debemos exigir una reforma estructural profunda que lo haga funcionar de verdad. Sepúlveda ha transitado por todos los roles del sistema, desde relator hasta fundador del mayor marketplace de capacitación en Chile, y advierte que el miedo al cambio no debe frenar la urgencia de profesionalizar la formación del capital humano.

Según el experto, las cinco razones para reformar de fondo el modelo actual muestran distorsiones que vuelven insostenible el diseño vigente. Primero, hay un incentivo perverso a la baja calidad: el subsidio aumenta cuando el curso es más económico, premia la capacitación de bajo costo en lugar de promover la excelencia técnica. Segundo, existe una desconexión con la estrategia del negocio, pues gran parte del mercado opera en un ciclo inercial donde las empresas contratan cursos genéricos solo para cerrar presupuestos al impuesto. Tercero, hay un mal uso de recursos públicos: al garantizar el reembolso vía impuestos sin importar el resultado, se tiende a gastar recursos estatales en formaciones irrelevantes. Cuarto, el sistema se enfoca en cobertura y no en impacto, midiendo horas y presupuestos sin evaluar si realmente se mejora la productividad o se cierran brechas. Quinto, se frena la visión de inversión estratégica: la comodidad del reembolso hace que la formación se vea como gasto recuperable, no como una inversión para competir ante automatización e IA.

En ese contexto, Sepúlveda propone pensar un OTEC del futuro, donde el catálogo de cursos se transforme en una oferta alineada a las necesidades reales de las empresas y el capital humano. La discusión, que ya impacta la agenda gubernamental y de los partidos, llega en un momento de revisión de políticas de capacitación que buscan responder a un Chile con desafíos de productividad y desempleo estructural. Si bien la conversación se centra en una institución específica, los efectos de una reforma podrían modificar la forma en que las empresas planifican su inversión en capital humano y, por ende, el empleo y la formación de trabajadores a largo plazo. En adelante, la pregunta es si el camino será mantener un sistema de subsidios que premia la cantidad de horas o avanzar hacia una estrategia de inversión vinculada a resultados y a una mayor calidad técnica. El Gobierno y los partidos deberán sopesar estas ideas ante un mercado laboral que exige respuestas más precisas y de mayor impacto.