En la apertura del período de sesiones ordinarias del Congreso argentino, el presidente Javier Milei ratificó una "alianza estratégica" con Estados Unidos y anunció que este año impulsará 90 paquetes de reformas estructurales para rediseñar la arquitectura institucional de su Gobierno.
Milei presentó ante la Asamblea Legislativa, es decir la reunión conjunta de ambas cámaras del Congreso, una visión de inserción internacional que, según dijo, responde a un "nuevo orden mundial". Señaló que Argentina posee recursos que Occidente necesita, como minerales críticos, energía, tierra y agua, y defendió la ratificación por parte del Parlamento del acuerdo de comercio e inversiones firmado con Estados Unidos el 5 de febrero.
El presidente argentino también situó al Atlántico sur como un "terreno de disputa estratégica" para las próximas décadas y anunció planes para modernizar el equipamiento militar, además de enviar un paquete de leyes para fortalecer la coordinación entre fuerzas de seguridad e inteligencia. En su discurso, Milei sostuvo que la alianza con Estados Unidos no es solo entre él y Donald Trump, y aludió a afinidades culturales y estratégicas entre ambos países. Donald Trump es el expresidente de Estados Unidos.
Sobre el calendario de reformas, Milei explicó que cada ministerio preparó diez paquetes, con iniciativas que se presentarán mes a mes, en lo que definió como nueve meses consecutivos de propuestas. No detalló en su totalidad las 90 reformas; la descripción pública del contenido de muchos proyectos quedó incompleta en su intervención.
Este paquete de reformas llega en un contexto político cargado: semanas antes, el Congreso argentino aprobó una reforma laboral que abarata despidos, y el oficialismo impulsó sanciones parlamentarias contra una diputada por conducta en el hemiciclo. Esas medidas muestran la dinámica de confrontación política que enfrentará el Ejecutivo para tramitar cambios profundos.
¿Por qué importa esto para Chile y América Latina? La orientación estratégica de Argentina hacia Estados Unidos puede reconfigurar la competencia por inversiones en recursos estratégicos, sobre todo minerales críticos que son relevantes para la transición energética regional. Una eventual mayor presencia estadounidense en la región y en el Atlántico sur podría tensar relaciones con países como Brasil y con actores extrarregionales implicados en el Atlántico sur, y obligar a gobiernos latinoamericanos a redefinir alianzas comerciales y de seguridad.
Para Chile, cambios en la política comercial y de inversiones de un socio regional tan grande como Argentina pueden implicar presiones competitivas en atracción de capital y cadenas de suministro mineras. Además, anuncios sobre modernización militar en la región elevan la importancia del diálogo sobre seguridad marítima y cooperación antártica entre los países sudamericanos.
El próximo paso formal que mencionó Milei fue la presentación y tramitación en el Congreso de los distintos proyectos, incluida la ratificación del acuerdo comercial con Estados Unidos. Queda por ver cuántas de las 90 iniciativas lograrán consenso legislativo y cómo reaccionará la oposición, un factor determinante para la viabilidad del ambicioso programa del Ejecutivo.

