De visita en Santiago, el matrimonio detrás de Maison Mirabeau detalla la trastienda de la primera adquisición de Concha y Toro en Europa y adelanta su continuidad en la compañía. Estamos muy alineados en los valores, así que cuando la conversación comenzó, fluyó de manera natural, dicen. En la conversación aparece la relevancia de la operación para el grupo chileno y la construcción de un puente entre Provence y Chile a través de una marca que, para muchos, personifica el rosé más icónico de La Provenza.

La historia arranca en 2009, cuando Stephen Cronk, entonces en sus cuarenta y estableció una trayectoria que lo llevó de la distribución de vinos a la dirección de proyectos propios, empezó a replantearse su vida. Corría una crisis financiera global y él, que ya había vendido su primera empresa a los 30, buscaba un sueño más tangible. Extrañaba el vino. Quería hacer vino. Ese era mi sueño, recuerda Cronk durante la visita a la oficina comercial de Concha y Toro en el World Trade Center de Las Condes. Junto a él está Jeany, su mujer, con quienes exploraron la idea de convertir un proyecto personal en una ambición compartida que los llevó de una casa en Teddington a Côte d’Azur inglesa y, finalmente, a Cotignac, un pueblito de la Provenza francesa.

Los Cronk habían desembolsado 900 mil libras por una casa en Teddington y gastaron otras 200 mil libras en la renovación. Después de esa inversión, la venta de la propiedad les dejó 1,6 millones de libras, una cifra que, según cuentan, fue la base para su siguiente gran salto: mudarse a La Provenza, una región vitivinícola que describen como una de las más bellas del mundo. Bebíamos mucho rosé de La Provenza y sabíamos que era nuestro vino favorito, es una de las razones, dicen, que los llevó a Cotignac y a dedicar su vida a este proyecto que hoy se enmarca en el portafolio de una viña francesa que se convirtió en el primer paso de Concha y Toro en Europa.

La adquisición de Maison Mirabeau en febrero, vía la estructura VCT Europe, marca la primera incursión en el Viejo Continente para la mayor empresa de vinos de Chile y se enmarca en la estrategia de premiumización impulsada por el ejecutivo chileno Eduardo Guilisasti. El encuentro entre Cronk y Jeany con la casa matriz chilena es visto como una evidencia de que el diálogo entre culturas puede articular proyectos de gran alcance sin perder la esencia de cada historia. Estamos muy alineados en los valores, repiten, destacando que la unión no es solo financiera, sino también simbólica: una promesa de continuidad para Maison Mirabeau y, al mismo tiempo, una expansión que conecte con el público chileno y latinoamericano que sigue cada paso de estas historias de vino, identidad y territorio.