El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, elogió en Washington el documental dedicado a su esposa, Melania Trump, y la describió como una “gran estrella de cine” durante la presentación de la llamada Junta de Paz. La afirmación ocurre mientras la cinta registra cifras de taquilla muy por debajo de su inversión.

Melania Trump, ex primera dama de Estados Unidos y exmodelo nacida en Eslovenia, es el eje del filme que el equipo presidencial ha promovido como un triunfo cultural. “Ha estrenado una película muy exitosa, es la número uno. ¿Pueden creer? Una gran estrella de cine”, dijo Trump, y añadió con ironía que “no hay sitio en una familia para dos estrellas”.

Las cifras oficiales contradicen ese relato. La película ha recaudado hasta ahora 16 millones de dólares a nivel global, de los cuales unos 200.000 dólares provienen de mercados fuera de Estados Unidos y Canadá. El presupuesto del proyecto supera los 75 millones de dólares, lo que deja una brecha considerable entre inversión y retorno.

En España el estreno se hizo en 85 salas y apenas reportó cerca de 5.700 dólares durante su primer fin de semana. Trump llegó a afirmar que la cinta es “el que más ha recaudado en 20 años” y que “los cines están llenos”, con especial asistencia femenina, declaraciones que no se reflejan en los datos de taquilla disponibles.

La recepción crítica y la del público también muestran una disparidad singular en el portal especializado Rotten Tomatoes: la aprobación de los críticos es del 11%, mientras que la audiencia le otorga un 98%. Ante sospechas sobre manipulación de reseñas, la plataforma aseguró que solo contabiliza opiniones verificadas, es decir, de usuarios que acreditan la compra de entradas.

Más allá de los números, el episodio expone cómo las imágenes y los productos culturales se usan como herramientas de construcción de imagen política. En América Latina y en Estados Unidos, los documentales sobre figuras públicas han funcionado tanto para rehabilitar reputaciones como para movilizar bases, pero también pueden chocar con la lógica comercial de la industria audiovisual.

Para los observadores chilenos que siguen la intersección entre política y cultura, el caso de Melania subraya una tensión: la ambición de convertir la intimidad presidencial en espectáculo rentable frente a la realidad del mercado y la crítica. Queda por ver si la promoción continuada equilibrará la pérdida económica o si el filme quedará más como un gesto de propaganda que como un éxito cultural.