Este domingo, en la cuarta jornada del Festival de Viña del Mar 2026, el comediante chileno Stefan Kramer subió al escenario de la Quinta Vergara y se llevó dos gaviotas, aunque su show no provocó la misma efervescencia que su debut en 2008. Tras su actuación, Kramer atendió la conferencia de prensa donde evaluó su presentación y el clima de la noche.
Kramer, conocido por sus imitaciones y por ser una voz transversal en la comedia nacional, relativizó la respuesta del público. "Yo creo que eso es algo que ustedes tienen que evaluar. Todas las rutinas son distintas. Son distintas épocas, distintos momentos", dijo al ser consultado sobre si esta había sido su mejor actuación en el certamen. Sobre la entrega de los premios añadió que la petición de las gaviotas puede variar por el timing, y que él, personalmente, estaba contento.
El humorista explicó además su interés por explorar nuevos registros. "Estoy feliz con lo que estoy haciendo ahora. Creo que hay que intentar innovar... las imitaciones me encantan, me han dado la vida, pero quiero intentar hacer cosas distintas para probar otros sabores", afirmó. En el espectáculo incluyó referencias y voces de figuras políticas como Gabriel Boric, presidente de Chile; José Antonio Kast, político de derecha; Jeannette Jara, ministra del Trabajo; y Johannes Kaiser, figura política de la derecha chilena conocida por sus controversias.
La recepción de la audiencia marcó la lectura pública del show. Aunque el jurado y parte del público premiaron su trabajo, varios asistentes no alcanzaron a mostrar la efervescencia de fases anteriores de Kramer en Viña. En la conferencia, el propio comediante apuntó al ritmo de la noche como un elemento posible, un argumento que cobra peso si se considera que la jornada se extendió por la entrada tardía de otros artistas.
Ese contexto de noche larga fue uno de los factores comentados fuera del escenario. En artículos relacionados se consignó que la entrada demorada de Matteo Bocelli generó malestar entre algunos asistentes, un fenómeno que puede repercutir en la respuesta del público hacia los shows que cierran la velada. El Festival, además, ha venido incorporando fichajes internacionales en su cartel y enfrentando debates sobre la gestión del tiempo y la programación.
Más allá de la anécdota festivalera, la actuación de Kramer vuelve a poner en escena la pregunta sobre el rol del humor político en Chile y la renovación de los referentes cómicos. Su decisión de experimentar con nuevos formatos antela una escena que ha cambiado, con públicos más fragmentados y una audiencia que consume comedia en plataformas digitales, más allá del gran espejo que representa Viña.
Kramer cerró su intervención en la prensa reafirmando su satisfacción personal y su voluntad de seguir probando caminos distintos. El Festival de Viña del Mar continúa su programación, y la noche servirá como pulso sobre cómo el repertorio clásico de la comedia chilena convive con las expectativas de un público que también exige novedades.