Este lunes, el consorcio GAM Moller DVC SpA puso en marcha la reactivación de la ampliación del Centro Cultural Gabriela Mistral, en el centro de Santiago, después de casi diez años detenido el proyecto. La intervención, anunciada por el Ministerio de las Culturas, implica una inversión significativa y la construcción de una sala de gran formato que cambiaría el mapa escénico de la capital.
El proyecto original comenzó en 2015, pero en 2018 las obras se detuvieron cuando iban con un 45% de avance, tras la quiebra de la constructora española Ecisa. Desde entonces, la interrupción se convirtió en una herida visible en el circuito cultural urbano: andamios, muros a medio terminar y demandas que complicaron el avance. El nuevo diseño suma 16.000 metros cuadrados a la estructura existente y, según el ministerio, incorpora mejoras técnicas en la manipulación y guardado de butacas, iluminación con tecnología LED y un proyecto renovado de climatización.
El Gobierno informó que la inversión total será de 114.000 millones de pesos chilenos —aproximadamente 129 millones de dólares— y que la ampliación contempla, entre otros hitos, una sala principal con capacidad para 2.500 espectadores. En el acto oficial, Carolina Arredondo, ministra de las Culturas de Chile, afirmó "Estamos orgullosos de ver cómo se materializa esta obra, probablemente la más importante del Estado de Chile en materia de infraestructura cultural".
Alejandra Martí, directora del GAM, añadió que con la nueva sala "Chile se integrará a un circuito de escenarios internacionales, recibirá espectáculos nunca antes vistos y además permitirá a artistas y creadores nacionales soñar en grande". Sus palabras subrayan la expectativa artística: no se trata solo de metros y butacas, sino de la posibilidad de que productoras, compañías y festivales miren a Santiago como una plaza de primera línea.
La reactivación puso además en primer plano un elemento político y simbólico. La obra fue una de las principales propuestas culturales del presidente Gabriel Boric, y su relanzamiento ocurre en el contexto de la transición al próximo gobierno de José Antonio Kast. Ese cruce de gestiones añade un componente de seguimiento público y de fiscalización sobre plazos, costos y calidad constructiva.
Hasta ahora, el Ministerio de las Culturas no ha informado una fecha oficial de entrega de la ampliación, ni un cronograma detallado de etapas. Los próximos meses serán clave para verificar si el consorcio logra avanzar sin nuevos tropiezos financieros o técnicos, y para que la comunidad artística empiece a planificar usos y programación para la nueva sala.
Más allá de la ingeniería y los números, la reapertura de obras en el GAM vuelve a poner en escena una pregunta recurrente: qué tipo de infraestructura cultural necesita Santiago y cómo se concibe su relación con el público. Si este proyecto cumple lo prometido, puede abrir puertas para que producciones latinoamericanas de mayor escala arriben a la ciudad, pero también exigirá vigilancia ciudadana sobre la transparencia del proceso y la claridad en la entrega de resultados.