A los 23 años, el mediocampista chileno Vicente Pizarro acumula siete partidos como titular desde su arribo al club rosarino y se ha instalado como pieza fija para Jorge Almirón, el entrenador argentino de Rosario Central.

El paso responde, en parte, a la necesidad financiera de Colo Colo. En Macul explicaron que se trabaja bajo una “economía de guerra”, y el club terminó concretando la salida de su canterano más destacado tras un 2025 complicado. Para Vicente, que vivía su primera experiencia fuera de Chile, la mudanza implicó reencontrarse con Almirón y tomar mayor protagonismo en una liga de mayor intensidad y con la posibilidad de disputar la Copa Libertadores.

"Me recibieron muy bien desde el primer día. En los partidos que pasaron me he sentido cómodo, el grupo es espectacular", dijo Pizarro sobre su adaptación. El futbolista chileno ya fue titular ante Belgrano de Córdoba, Racing, River Plate, Aldosivi, Sportivo Belgrano (por la Copa Argentina), Barracas Central y Talleres de Córdoba.

La transferencia es una baja sensible para Fernando Ortiz, el entrenador argentino de Colo Colo, pero también es una puerta de crecimiento para el jugador. En Rosario Central, Almirón le ha dado confianza para desarrollar su juego en el mediocampo y exponerlo a un calendario más exigente, con duelos de alta presión y público masivo en el Gigante de Arroyito.

El caso de Vicente reproduce, con diferencias de contexto, el camino que hizo su padre, Jaime Pizarro, ministro del Deporte de Chile y exvolante de Colo Colo. Hace 33 años, Jaime Pizarro partió al fútbol argentino cuando, con 29 años, fichó por Argentinos Juniors tras haber sido capitán del Colo Colo campeón de la Copa Libertadores 1991 y reconocido por la revista France Football en 1988.

La liga argentina suele funcionar como plataforma para talentos chilenos que buscan dar el salto internacional. Un ejemplo cercano es Felipe Loyola, futbolista chileno que hoy está en el Pisa de Italia después de destacar en Independiente. Para Vicente, la oportunidad en Rosario Central no solo es continuidad; es una vitrina para la Copa Libertadores y, potencialmente, un puente hacia el fútbol de mayor proyección.

En lo inmediato, el desafío será sostener la titularidad y adaptar su juego a los vaivenes del torneo argentino. A largo plazo, la mudanza confirma una ruta habitual para jóvenes chilenos: cruzar la cordillera para crecer futbolísticamente, con la presión añadida de cargar el apellido Pizarro y las expectativas que eso conlleva.