La selección iraní pudo al fin obtener una autorización para ingresar a Estados Unidos, pero bajo condiciones sin precedente en un Mundial. El permiso llegó después de que el cuerpo técnico presentara quejas formales por las restricciones previas: el Gobierno de Donald Trump había negado visas a parte del personal iraní y el equipo debió trasladar su campamento base desde Arizona hasta México.
La flexibilización tiene límites concretos. Las autoridades estadounidenses autorizaron al equipo asiático a ingresar al país dos días antes de su próximo partido, que se jugará en Seattle. En cuanto termine el encuentro, deberán abandonar el territorio de forma inmediata.
La situación es el resultado directo del contexto geopolítico entre Irán y Estados Unidos, que se complejizó aún más por las tensiones con Israel. El Mundial 2026 se disputa de forma conjunta entre Estados Unidos, México y Canadá, lo que colocó a la selección iraní inevitablemente en territorio de su principal rival político. El equipo ha tenido que gestionar restricciones diplomáticas en paralelo a la competencia deportiva, un escenario inédito en la historia del torneo.
Si Irán avanza en la llave, su situación logística en suelo estadounidense seguirá siendo un problema. La autorización vigente es solo para el partido en Seattle: dos días para llegar, jugar y salir.

