Víctor Rivero, entrenador chileno de 45 años y director técnico de Deportes Limache, repasó el modelo que tiene al club como líder de la Liga de Primera y anticipó el duelo clave de este domingo ante Universidad de Chile. En la entrevista explicó por qué cree que la decisión institucional de dar autonomía al cuerpo técnico marcó la diferencia.
Rivero reconoce que el proceso no es casualidad. Señaló que el club estuvo el año pasado peleando el descenso, pero que también fue finalista de la Copa Chile, experiencia que dejó enseñanzas. "Entregarle las llaves del club al cuerpo técnico ha sido fundamental", dijo, y añadió que esa confianza permitió tomar decisiones rápidas en fichajes y estructura deportiva.
El entrenador explicó dos decisiones concretas: adelantar la pretemporada para tener al plantel en forma y reducir la nómina para aumentar la jerarquía. Según Rivero, tuvieron como objetivo tener al 90% del plantel listo entre Navidad y Año Nuevo, lo que les permitió imponer un alto ritmo físico desde el inicio del torneo. También reconoció limitaciones presupuestarias: no pueden competir en dinero con los grandes y por eso buscan jugadores con hambre de revancha.
En la conversación apeló a ejemplos de jugadores con recorrido en la selección. Mencionó a Joaquín Montecinos, extremo chileno, y a Jean Meneses, atacante chileno, como casos de futbolistas con peso futbolístico que han mostrado humildad y liderazgo dentro del camarín. Rivero sostuvo que esas cualidades facilitan la convivencia en un plantel más chico y exigente.
Tácticamente, Rivero describió un equipo que basa su juego en la intensidad y en someter físicamente al rival con presión alta y transiciones veloces. Dijo que la elección de una nómina reducida favorece la cohesión y facilita aplicar un modelo físico-vertical, aunque admitió el riesgo de desgaste y la necesidad de rotación cuando llegue la acumulación de partidos.
El vínculo familiar con la dirigencia también ocupó un tramo de la entrevista. Rivero confirmó que el presidente del club es su cuñado, y reconoció ventajas de esa cercanía para articular decisiones rápidas. Pero alertó sobre las dificultades: "Trabajar con la familia tiene complejidades, hay que separar afectos y responsabilidades", explicó, y señaló que mantener claridad en roles fue clave para evitar conflictos.
De cara al partido en el Nacional ante Universidad de Chile, Rivero entiende la magnitud del desafío: un triunfo consolidaría al equipo y reforzaría la convicción del proyecto, mientras que una derrota pondría a prueba la capacidad de respuesta del plantel. Para él, la fórmula que ha funcionado hasta ahora combina dirección técnica con autonomía institucional, un plantel más reducido pero con jerarquía, y un perfil físico que complica a los rivales.
La proyección de Rivero es pragmática. Admitió que el modelo es sostenible si el club mantiene la disciplina deportiva y la gestión ordenada, pero avisó que el mercado y las ofertas a sus jugadores pueden alterar el plan. Limache sabe hoy lo que quiere, y el partido contra la U será la primera gran medida para ver si el liderazgo es tendencia o un pico temprano.
