El Festival de Viña del Mar 2026 parte este domingo 22 de febrero con una parrilla que nació entre viajes, reuniones en estudios y negociaciones internacionales. La organización, encabezada por Daniel Merino, director ejecutivo del Festival de Viña, cerró el fichaje de Gloria Estefan tras una visita relámpago a Miami, mientras afinaba acuerdos con artistas como Matteo Bocelli y el dúo británico Pet Shop Boys, y manejaba las demandas por la presencia del rapero chileno Pablo Chill-E.

La jugada decisiva ocurrió en octubre de 2025, durante la tradicional gira de promoción del certamen en Miami, Florida. Merino viajó junto a la alcaldesa de Viña del Mar, Macarena Ripamonti, y parte del equipo de Megamedia y la productora Bizarro Live Entertainment. En medio de entrevistas y la Semana de la Música Latina organizada por Billboard, la comitiva fue hasta Crescent Moon Studios para encontrarse con Emilio Estefan, el productor musical cubano-estadounidense. “Con él debo haber estado hablando durante cuatro años para convencerlo”, dijo Merino a Culto sobre las negociaciones, y esa insistencia terminó por concretar la venida de Gloria Estefan, la cantante cubano-estadounidense, que abrirá el certamen.

La apuesta detrás del fichaje busca recuperar la noción de Viña como el gran festival latino. En esa línea, fuentes del evento cuentan que la actuación de Gloria será extensa, un repaso de sus éxitos para el público de la Quinta Vergara. Se espera una presentación contundente de alrededor de 75 minutos, en que la artista repasaría cerca de 20 temas de su carrera, y que llegará acompañada por parte de su equipo familiar y musical, según las mismas fuentes.

Paralelamente, la programación mezcló nostalgia y novedades. Matteo Bocelli, cantante italiano y hijo del tenor Andrea Bocelli, figura en la vinculaciones que evalúa el equipo artístico, aunque su participación no estaba oficialmente confirmada al cierre de esta nota. El dúo Pet Shop Boys puso condiciones técnicas y contractuales concretas, según fuentes de la producción, un capítulo que obliga a la organización a conciliar grandes nombres con exigencias logísticas y presupuestarias.

En el frente nacional, la presencia de rostros urbanos y populares generó llamadas y presión desde la esfera política. Varios interlocutores identificados por la organización hicieron llamados para que participara Pablo Chill-E, el rapero chileno, un movimiento que revela hasta qué punto el festival sigue siendo terreno de representación política y de agendas culturales que buscan conectar con audiencia joven.

El armado de la parrilla no fue barato. Voces oficiales y participantes del proceso sitúan el presupuesto global de la producción en torno a US$11 millones, cifra que cubre cachés internacionales, logística, escenografía y seguridad. Ese gasto vuelve a plantear preguntas sobre el modelo del festival: cómo equilibrar grandes invitados y propuestas que atraigan a audiencias millennial y centennials, sin perder el perfil familiar y masivo del certamen.

También hubo conversaciones internas sobre el humor y la sátira. Según personas cercanas a la producción, se recomendó cautela ante la imitación que el humorista conocido como Kramer hizo de figuras políticas como Gabriel Boric, presidente de Chile, y José Antonio Kast, dirigente político chileno. La indicación, dicen las fuentes, fue preservar el equilibrio entre la comicidad y el respeto institucional, ante la sensibilidad que generan esas figuras en el público.

Más allá de anécdotas y viajes, la trastienda de esta edición revela el intento del festival por navegar entre lo patrimonial y lo contemporáneo: rescatar leyendas del pop latino, sin perder la conversación con la escena urbana que mueve a la juventud chilena y latinoamericana. El certamen arranca este domingo 22 de febrero y en esos primeros shows quedará claro si la mezcla logró el objetivo de unir generaciones sin diluir la identidad del festival.