La Comisión de Relaciones Exteriores del Senado, presidida por el senador Iván Moreira, recibió a los ministros Juan Carlos Muñoz y Alberto van Klaveren para revisar el proyecto de cable submarino Chile China Express y sus implicancias internacionales.
En la cita, el ministro de Transportes y Telecomunicaciones, Juan Carlos Muñoz, expuso el marco legal y operativo de los cables submarinos y explicó que el despliegue es impulsado por iniciativas privadas que requieren autorización estatal. Según Muñoz, el desarrollo de estos proyectos está regulado por múltiples normas sectoriales y demanda 13 trámites distintos, porque no existe una única ley que ordene el proceso.
El canciller Alberto van Klaveren aclaró que la Cancillería no lidera la negociación del cable, nuestro papel es acompañar el proceso, y subrayó la necesidad de equilibrar las relaciones con China y con Estados Unidos, ambos socios económicos y estratégicos relevantes para Chile.
Paralelamente, la Comisión de Defensa Nacional realizó una sesión reservada con la ministra Adriana Delpiano para evaluar las implicancias en la seguridad, y analizar las decisiones del Ejecutivo sobre el proyecto y sus efectos en la protección de la infraestructura crítica.
En discusión estuvieron riesgos geopolíticos y técnicos. En particular, Muñoz reconoció que el proyecto recibió observaciones desde Estados Unidos, las que el gobierno transmitió, y que se constituyó un grupo de trabajo para revisar esos planteamientos. No se detallaron públicamente los contenidos concretos de las observaciones.
Este debate reúne tres tensiones históricas. Primero, la urgencia de modernizar la conectividad: más cables suelen mejorar el tráfico internacional, reducir latencia y bajar costos para empresas y usuarios. Segundo, la complejidad regulatoria: la existencia de 13 trámites fragmenta decisiones y exige coordinación entre Subsecretaría de Telecomunicaciones, Transportes, Cancillería y Defensa. Tercero, la dimensión geopolítica: la entrada de capitales y empresas chinas en infraestructuras estratégicas genera recelos en Washington y obliga a Chile a tomar decisiones con impacto diplomático.
¿Quién gana y quién pierde? Ganan los operadores privados y potencialmente los usuarios que obtengan mayor capacidad y redundancia en redes. Pierde, o se expone, la soberanía operativa si no hay medidas de mitigación y transparencia. También existe un costo político para el Ejecutivo y los partidos que aprueben condiciones que otros países cuestionen.
Para el ciudadano común, el proyecto promete mejor conectividad y oportunidades económicas, pero abre preguntas sobre seguridad de datos y control de instalaciones clave. En ese sentido, los senadores pidieron mayor información y coordinación interministerial.
El próximo paso es que el Ejecutivo precise los acuerdos técnicos y regulatorios, y que el Congreso mantenga la fiscalización. La discusión marcará no solo la infraestructura digital de Chile, sino también la forma en que el país equilibra sus relaciones con China y con Estados Unidos en materia estratégica y tecnológica.

