La última medición de la encuestadora Cadem, correspondiente a la cuarta semana de febrero, revela que la aprobación del presidente Gabriel Boric subió a 37%, mientras la desaprobación cayó a 56% y el promedio mensual quedó en 35%.
El sondeo abordó también la polémica por el proyecto del cable submarino con China y la decisión de permitir la participación de la empresa China Mobile. Sólo 33% de los consultados considera que la decisión gubernamental fue proporcional al riesgo. Respecto a la iniciativa de China Mobile, 24% cree que debería postergarse, 17% que debería cancelarse y 46% que hay que avanzar.
En materia económica, 71% de los encuestados prefiere una economía abierta y conectada al mundo, frente a 20% que opta por un modelo más proteccionista. Cuando se pregunta por un único socio estratégico, la respuesta aparece dividida: 43% se inclina por Estados Unidos (EE.UU.) y 43% por China. El peso ideológico marca la diferencia, ya que entre quienes se identifican con la derecha 74% prefiere a EE.UU., y entre quienes se ubican en la izquierda 79% se inclina por China.
Sobre imagen internacional, Canadá lidera con 83% de percepción positiva, seguido por Alemania con 79% e Inglaterra con 76%. China mantiene una imagen positiva en 62% de los encuestados, mientras que la imagen de Estados Unidos cae desde 70% a 52% respecto de mediciones previas. Los países peor evaluados son Bolivia con 23%, Irán con 13% y Venezuela con 10%.
En la valoración de líderes internacionales, Mark Carney, ex gobernador del Banco de Inglaterra y ex gobernador del Banco de Canadá, obtiene 62% de aprobación. Le sigue Nayib Bukele, presidente de El Salvador, con 61%. El presidente de China, Xi Jinping, alcanza 40% de aprobación, con una caída de 16 puntos, y el expresidente de Estados Unidos Donald Trump llega a 37%.
La encuesta también recabó la reacción ciudadana ante la tensión diplomática por el cable submarino: 86% supo o escuchó sobre la controversia entre Chile y EE.UU., y el mismo 86% conoció que EE.UU. revocó la visa al ministro de Transportes y a otros dos funcionarios por la firma del acuerdo con China. Respecto de las actuaciones, 44% evalúa bien la manera en que ha actuado el gobierno chileno y 48% la evalúa mal. En tanto, 28% evalúa bien la actuación de EE.UU. y 65% la evalúa mal, mientras que la acción de China se evalúa positivamente en 47% y negativamente en 33%. Finalmente, 56% considera que la revocación de visas por parte de EE.UU. fue una medida exagerada. El informe que recibimos está truncado al final de la sección sobre cómo se distribuye esa opinión entre los distintos identificados ideológicamente, por lo que no es posible desagregar completamente ese dato.
¿Por qué importa esto para Chile? La encuesta sintetiza un país dividido entre dos ejes: la preferencia por una economía abierta y la necesidad de navegar una creciente tensión geopolítica entre China y EE.UU. Las percepciones sobre el cable submarino y la decisión respecto de China Mobile exponen el dilema entre asegurar conectividad y proteger la soberanía y la seguridad tecnológica. Para exportadores chilenos, inversores y la cadena de suministro de la industria tecnológica, la percepción pública y la reacción diplomática pueden traducirse en riesgos regulatorios y en reconfiguraciones de mercado. Además, la caída en la imagen de EE.UU. y el empate técnico con China al elegir un socio estratégico muestran una multipolaridad creciente que obliga al gobierno a un equilibrio diplomático delicado.
En lo político interno, el leve repunte en la aprobación presidencial y el optimismo sobre el futuro del país, con 57% creyendo que a Chile le irá bien con el nuevo gobierno y 65% mostrando optimismo, dan cierto margen de maniobra, pero la división en temas de política exterior y tecnología indica que próximas decisiones sobre inversiones estratégicas, seguridad de infraestructura y acuerdos comerciales seguirán bajo alto escrutinio público y presión internacional.
Las próximas semanas serán clave para observar si el Ejecutivo logra canalizar esa mayoría a favor de una economía abierta hacia acuerdos que mitiguen riesgos tecnológicos, y cómo evolucionan las relaciones con EE.UU. y China en la práctica, especialmente en sectores sensibles como telecomunicaciones y materias primas.
