Israel celebrará elecciones parlamentarias el próximo 27 de octubre y el primer ministro Benjamin Netanyahu, de 77 años, llega a ellas desgastado por tres años de guerra en varios frentes, juicios por corrupción y una orden de arresto internacional.
Según informó BioBioChile, el líder del Likud, partido que gobierna casi sin interrupción desde 2009, conserva un apoyo sólido entre sus seguidores. También enfrenta críticas por no lograr la "victoria total" que prometió sobre Hamás y el Hezbolá libanés, y por no tener un plan claro para Gaza.
Netanyahu centró su campaña en la seguridad. Tras el ataque de Hamás del 7 de octubre de 2023, que mató a 1.200 israelíes, lanzó ofensivas en Gaza, Líbano, Siria e Irán. En Gaza el conflicto ya suma más de 74.000 víctimas mortales. "Hemos cambiado Oriente Medio", repite el mandatario desde hace meses.
Esos avances militares no se tradujeron en logros estratégicos, según la nota de BioBioChile. La opinión pública le reprocha haber quedado fuera de las negociaciones de Estados Unidos con Irán. Muchas familias de víctimas lo consideran en parte responsable del ataque de 2023 y exigen una comisión de investigación independiente, que él rechaza.
En Cisjordania, territorio palestino ocupado, Netanyahu intensificó la colonización y aumentó la violencia de colonos contra palestinos. El año pasado afirmó que "no habrá ningún Estado palestino" al oeste del río Jordán.
El frente judicial pesa tanto como el militar. Desde 2020 enfrenta tres causas por corrupción, fraude y abuso de confianza, en un juicio que sigue abierto. Pidió un indulto al presidente Isaac Herzog, con respaldo de Donald Trump, pero la solicitud no prosperó. Además lo presiona el llamado Qatargate, por vínculos financieros de colaboradores suyos con Catar, país que alberga la oficina política de Hamás.
Fuera de Israel, la Corte Penal Internacional (CPI), tribunal con sede en La Haya, emitió una orden de detención en su contra por crímenes de guerra y de lesa humanidad. Algunas ONG y líderes internacionales también acusan a su gobierno de genocidio en Gaza.
El sistema electoral israelí agrega incertidumbre. Los ciudadanos no eligen directamente al jefe de Gobierno, votan por listas en una circunscripción única y proporcional. La Knesset, el Parlamento, tiene 120 escaños y se necesitan 61 diputados para gobernar, de acuerdo con el medio chileno El Periodista.
Netanyahu depende de aliados ultranacionalistas y religiosos como Bezalel Smotrich e Itamar Ben Gvir. Su principal rival es Gadi Eisenkot, exjefe del Estado Mayor de las Fuerzas de Defensa de Israel y líder del partido Yashar, que intenta reunir al centro, la derecha moderada y a los descontentos con la conducción de la guerra.
El umbral de entrada al Parlamento es de 3,25% de los votos válidos. En una elección ajustada, partidos pequeños de derecha, izquierda o árabes que queden bajo esa cifra pueden inclinar el resultado, por eso ambos bloques insisten en el voto útil.
La participación también será clave. En noviembre de 2022 votó cerca del 70,6% del padrón, pero entre los ciudadanos árabes, una quinta parte de la población, la cifra rondó el 53%. Un alza en ese electorado podría abrir la puerta a una mayoría alternativa, aunque las diferencias con la oposición judía complican cualquier acuerdo.
Para Chile, el resultado importa por el peso de Israel en la seguridad de Medio Oriente y por la relación del país con la mayor comunidad palestina fuera del mundo árabe, que sigue de cerca el futuro de Gaza y Cisjordania.
Están habilitados para votar 7.331.981 ciudadanos, 543.177 más que en 2022. Unos 810.000 residen en el extranjero y, salvo excepciones legales, deberán estar en Israel para sufragar. Después vendrán varias semanas de negociaciones para formar gobierno.

