Antes del partido de la Roja contra Islandia en Castellón, Edna Imade habló con EL PAÍS sobre su historia personal, el racismo en el fútbol y cómo usa su talento para sostener a su familia. La conversación aparece en la antesala del duelo por la fase clasificatoria del Mundial 2027.
La trayectoria de Imade tiene un inicio dramático y una rápida escalada deportiva. Su madre, Floren, escapó de Nigeria, cruzó el Sáhara y salió desde Marruecos, y Edna llegó a España en patera con solo tres meses. Pasó sus primeros años en un convento de monjas en Algeciras y luego se mudó a Carmona, en la provincia de Sevilla. Allí empezó a patear el balón en el patio del colegio Pedro I junto a su hermano gemelo, Paul.
Su paso por el fútbol fue progresivo: jugó en categorías base como defensa central hasta los 15 años, dio el salto al fútbol sala y se transformó en delantero. Su ascenso profesional fue acelerado. En 2023 jugaba en el Cacereño, en la segunda categoría; luego fue al Granada y el Bayern Múnich la fichó el verano pasado. El club alemán rompió hace dos meses la cesión que la tenía en la Real Sociedad para incorporarla de vuelta, tras una etapa en la que impresionó con 11 goles en 12 partidos en la Liga F.
La nacionalización le abrió la puerta de la selección española y debutó en noviembre en la final de la Nations League contra Alemania, pocos días después de recibir la ciudadanía. La seleccionadora Sonia Bermúdez la ha convocado para los primeros partidos de la fase de clasificación, hoy frente a Islandia en Castellón y el próximo frente a Ucrania, que se jugará en Antalya, Turquía, debido a la invasión rusa.
En la entrevista Imade vincula el fútbol con la responsabilidad familiar. "Dios me ha dado el don del fútbol para ayudar a mi familia, que no le falte ni cama ni comida", dijo, y relató la angustia por la travesía en la patera, y el rescate de su hermano en el mar. También se refirió al racismo que ha vivido en el deporte y en la sociedad, y a cómo esas experiencias marcaron su carrera.
Hay varias implicaciones políticas y sociales. A nivel deportivo, España gana una alternativa ofensiva y el Bayern recupera una atacante en forma. A nivel social, la historia de Imade apunta a la visibilidad de las trayectorias migrantes en el deporte profesional y reactiva el debate sobre integración y racismo en las instituciones y en los clubes. En años recientes la selección española ya ha recurrido a procesos de nacionalización para incorporar talento; el caso de Imade refuerza esa tendencia y plantea preguntas sobre políticas deportivas y de ciudadanía.
Para el ciudadano común, la historia funciona como espejo y como impulso: muestra posibilidades de movilidad social y, al mismo tiempo, recuerda que el éxito individual no elimina las barreras estructurales. El próximo paso inmediato es el partido en Castellón; a mediano plazo, la discusión pública sobre integración, racismo y la gestión de talentos naturalizados probablemente continuará cuando la Roja avance en la clasificación al Mundial 2027.