La OTAN está realizando en Groenlandia el primer ejercicio de la misión Centinela del Ártico, con un pelotón de rangers de la Fuerza Aérea de Suecia entrenando junto a las Fuerzas Armadas de Dinamarca bajo la coordinación del Mando Conjunto de Fuerzas de Norfolk (Joint Force Command Norfolk). El despliegue comenzó esta semana y busca ensayar la cooperación en el flanco norte aliado.
Los ejercicios forman parte de una apuesta más amplia de la Alianza Atlántica por reforzar la seguridad en el Ártico y el Alto Norte. En ese contexto se integran maniobras nacionales como la danesa llamada "Resistencia Ártica" y la noruega "Cold Response", en las que decenas de miles de militares operan en condiciones árticas para mejorar la interoperabilidad. Además, la Fuerza Aérea alemana informó que sus Eurofighter ya operan desde Islandia junto a los Gripen suecos y los F-35 daneses, una demostración, según el comando, de preparación y cohesión.
Como parte del despliegue, un pelotón de rangers de la Fuerza Aérea sueca fue trasladado a Groenlandia para entrenarse durante dos semanas con las unidades danesas. El objetivo, según las fuerzas participantes, es reforzar la seguridad regional, practicar la defensa del flanco norte aliado y probar material y sistemas de comunicación en condiciones de clima extremo. Sweden, además, aporta aviones a la misión de policía aérea de la OTAN en Islandia.
Emil Fechtner, comandante de la compañía de los rangers de la Fuerza Aérea de Suecia, dijo en un comunicado que "en Groenlandia estamos desarrollando las capacidades de la unidad en un entorno exigente, centrándonos en el combate, el desplazamiento en terrenos difíciles, la atención médica y el entrenamiento conjunto con los aliados". La actividad también sirve para evaluar cómo afectan al equipo la baja temperatura, la humedad y la falta relativa de nieve en ciertas áreas.
Históricamente, la creciente presencia de la OTAN en el Ártico responde a años de mayor competencia estratégica en la región, tras cambios geopolíticos como la crisis de Ucrania en 2014 y el interés por nuevas rutas marítimas y recursos. En ese marco, estas maniobras buscan consolidar la capacidad operativa en el norte y enviar un mensaje de disuasión y cohesión entre aliados.
Quien gana con estos ejercicios son las fuerzas y estados miembros que amplían su experiencia y capacidad de respuesta, y los fabricantes de defensa que ven oportunidades para probar y certificar equipamiento. Quien pierde, en términos estratégicos, es quien percibe una presión militar incrementada en el Ártico. Para el ciudadano común, el impacto es indirecto pero real: mayor foco en seguridad del norte puede traducirse en prioridades presupuestarias distintas y en una mayor tensión geopolítica que afecta el comercio global.
Para Chile y América Latina, el interés por estas maniobras radica en sus efectos globales sobre rutas marítimas, gobernanza del Ártico y cambios climáticos que repercuten en el planeta. La OTAN anunció que la misión, en inglés llamada "Arctic Sentry", se lanzó la semana pasada; la nota original que informó del lanzamiento no entrega detalles completos sobre el acuerdo político que la impulsó.
Las próximas semanas mostrarán si Centinela del Ártico se convierte en una serie sostenida de ejercicios y qué respuesta dará la región, especialmente Moscú. En lo inmediato, la Alianza evaluará la interoperabilidad alcanzada y el rendimiento del material en condiciones reales, y los aliados seguirán coordinando despliegues en el Alto Norte.