En Santiago, el directorio del Banco de Chile se reconfigurará en la junta ordinaria de accionistas convocada para el 26 de marzo, cuando se elija una mesa que quedará con nueve miembros. La decisión formal que aprobó a fines del año pasado la modificación estatutaria, que reduce el número de directores titulares de once a nueve, se verá por primera vez reflejada en esa elección.
La reordenación obedece en buena medida a la estrategia de la controladora LQ Inversiones Financieras SA, el holding a través del cual Quiñenco y Citigroup (Citi), controlan el banco en partes iguales. LQ Inversiones Financieras SA (LQIF) comunicó que presentará únicamente siete candidatos titulares, en vez de los nueve habituales, y con ello quedarán fuera varias figuras de la mesa actual.
Entre los movimientos confirmados están las salidas de Francisco Pérez Mackenna, quien fue director del banco y fue nombrado por el presidente electo José Antonio Kast como futuro ministro de Relaciones Exteriores de Chile; de Andrés Ergas, director que dejará la mesa por su designación como próximo embajador de Chile en Estados Unidos; y de los directores Raúl A. Anaya, Jaime Estévez y Sinéad O'Connor, que no serán propuestos por la controladora. En conjunto, estas bajas suman cinco directores que no continuarán en la próxima composición.
La lista de candidatos que presentó LQIF y que figura para la votación incluye a Hernán Büchi, Vivianne Caumont, Julio Figueroa, Pablo Granifo, Óscar Hasbún, Patricio Jottar y Jean-Paul Luksic. Pablo Granifo es, hasta ahora, presidente del directorio del banco; Julio Figueroa se desempeña como vicepresidente; Óscar Hasbún reemplazó previamente a Pérez Mackenna tras su incorporación al gabinete de Kast. Anita Holuigue llegó al directorio con el respaldo de las AFP, las Administradoras de Fondos de Pensiones.
El movimiento pone en relieve la intersección entre política y alta dirección empresarial en Chile. La designación de Pérez Mackenna por parte del gobierno entrante y la nominación de Ergas como embajador muestran cómo los nombramientos públicos repercuten en la gobernanza privada, especialmente en empresas clave del sistema financiero. Para los accionistas y analistas, la pregunta ha sido quiénes quedarían fuera cuando se materializara la reducción, y la respuesta ahora combina decisiones estatutarias, acuerdos entre controladores y nombramientos políticos.
La junta del 26 de marzo será la primera prueba formal de esta nueva configuración y fijará el rumbo del directorio en un periodo donde la banca enfrenta desafíos regulatorios y de mercado. Más allá de los nombres, el cambio revela cómo los equilibrios de poder en las grandes corporaciones chilenas se negocian en simultáneo con movimientos políticos de alto perfil.