El gobierno de Inglaterra anunció que facilitará legalmente que propietarios y arrendatarios puedan abatir ciervos, con el objetivo de frenar el daño que estos animales causan a los bosques.
Emma Reynolds, la secretaria de Medio Ambiente del Reino Unido, prepara una ley que ampliará los derechos de control sobre la población de ciervos. En Inglaterra no hay grandes depredadores naturales como lobos u osos que regulen esas poblaciones, y varias especies de ciervo no nativas, entre ellas el muntjac, el ciervo chino de agua, el ciervo hubiera y el sika, se han establecido y reproducen con rapidez. Solo el ciervo rojo y el corzo son nativos.
Qué está pasando con los bosques: El sobrepastoreo afecta hojas, yemas y los tallos de los retoños, además de pelar la corteza de árboles maduros, lo que los deja más expuestos a enfermedades. Los sika, por ejemplo, también dañan árboles jóvenes frotando sus astas. El resultado es que el 33% de los bosques ingleses están en condición desfavorable por el impacto de los ciervos, un aumento desde el 24% a principios de los 2000, según cifras gubernamentales.
Medidas concretas: Las metas ambientales del gobierno requieren un aumento neto de bosque de 43.000 hectáreas, unas 430 km2. Para facilitar ese objetivo, se exigirá que todo el terreno público tenga planes de manejo de ciervos en un plazo de 10 años. Se identificarán áreas prioritarias donde la población de ciervos es especialmente alta, y allí se aplicarán cacerías dirigidas, o culls, término que en este contexto significa abatir selectivamente animales para reducir la población.
Cambios en los incentivos: El sistema de subvenciones que pagaba solo por abatir ciervos dentro de los bosques cambiará. Bajo el nuevo esquema, los dueños de tierras podrán recibir pagos por abatir ciervos incluso cuando los animales salgan de las áreas forestales, lo que según Emma Dear, funcionaria principal de Natural England, permitirá intervenciones más oportunas para evitar daño ecológico. Natural England es la agencia estatal británica encargada de la conservación de la naturaleza, algo parecido en funciones a la CONAF o al Ministerio del Medio Ambiente en Chile.
Impacto y debate: La estrategia marca un viraje desde la protección pasiva con vallas y tutores hacia el control activo de poblaciones. Para un propietario es como si antes solo se protegiera el jardín con una cerca, y ahora se autorizara intervenir cuando las ovejas rompen la cerca y pastorean fuera. La medida puede acelerar la recuperación de brotes y sumideros de carbono, pero también reaviva el debate sobre bienestar animal, alternativas no letales y la opción radical de reintroducir predadores, que en el Reino Unido es un tema polémico.
Perspectiva para Chile: Aunque se trata de una política inglesa, es relevante para Chile porque muestra el dilema entre restaurar cobertura forestal y manejar fauna que depreda regeneración. En el sur de Chile existen problemas con especies introducidas que afectan bosques nativos, por lo que la experiencia inglesa ofrece lecciones sobre la combinación de incentivos, manejo público y límites éticos. Queda por ver si las medidas serán suficientes para cumplir la meta de 43.000 hectáreas netas sin generar efectos colaterales mayores en el paisaje rural ni en la opinión pública.

