La derrota ante el croata Dino Prizmic en la primera ronda del BCI Seguros ChileOpen en Santiago profundizó el bache de Nicolás Jarry, tenista chileno que llegó al puesto 16 del mundo tras su final en el Masters 1000 de Roma 2024, y que ahora encadena diez partidos sin triunfo desde el 4 de julio. Esa última victoria había sido sobre el brasileño João Fonseca en Wimbledon, pero desde entonces la continuidad y las lesiones marcaron su temporada.

El punto de inflexión se inició en Roma, torneo del circuito ATP (Association of Tennis Professionals, la asociación de tenistas), donde Jarry pegó el salto, pero también empezó a sufrir problemas que derivaron en una neuritis vestibular, una afección del oído que compromete el equilibrio. "No tiene problemas de equilibrio ni de vértigo. Son patologías que no son graves, pero que te limitan mucho y cuya recuperación puede tardar dos años o más. En su caso, eso ya está bien", afirmó Alejandro Orizola, médico del equipo chileno de Copa Davis, sobre la evolución del jugador.

Cuando la situación vestibular dio señales de mejoría, una fractura por sobrecarga en el codo derecho lo obligó a terminar antes la temporada pasada y a hacer una pretemporada lejos de su mejor forma. Ese combo de interrupciones se refleja en la racha negativa y en la falta de continuidad en los torneos del circuito. En Santiago Jarry entró con una invitación y reconoció públicamente que sus expectativas numéricas eran bajas, aunque valoró haber podido sacar con más confianza en su último torneo antes del ChileOpen.

Jaime Fillol, extenista chileno y abuelo de Nicolás Jarry, junto a Diego Jarry, hermano y compañero de dobles del jugador, analizan este momento con prudencia y plantean una hoja de ruta concreta. La estrategia que proponen pasa por bajar la exigencia del calendario, recuperar ritmo de competencia en qualys, es decir en las rondas de clasificación, y priorizar los torneos Challenger, donde se pueden sumar partidos y puntos de forma progresiva antes de volver al circuito ATP principal. Esa ruta busca dos objetivos: recuperar confianza en el saque y preservar el codo derecho, dos ejes que han condicionado su rendimiento.

Tácticamente, el diagnóstico es claro. El saque fue la gran variable que se resintió tras la lesión en el codo; sin un servicio consistente, Jarry pierde peso en el punto y queda expuesto en los juegos al resto. Volver a competir en challengers y qualys permite trabajar la secuencia de partidos, ajustar el servicio bajo presión y recuperar la lectura de cancha sin la exigencia física y mental de los Masters 1000 o los ATP 250. Además, la dosificación del calendario reduce el riesgo de nuevas sobrecargas.

La perspectiva es que la recuperación será gradual. Para que Jarry vuelva a la élite debe completar un bloque de semanas con continuidad, partidas ganadas en challengers y sensaciones de confianza al sacar. Si esa receta de Jaime Fillol, que combina calendario, torneos de menor exigencia y preparación física específica, se aplica con disciplina, existe margen para recuperar rendimiento y puntos en el ranking. El próximo paso concreto será ver cómo planifican las próximas semanas de Nicolás, en qué challengers participa y si su codo responde a la carga de competencia.