Las estaciones de servicio en España registraron filas y ajustes de precios este lunes, después de que el barril Brent de referencia en Europa subiera más de 9% por la escalada entre Irán y Estados Unidos. Algunos distribuidores ya aumentaron el litro de gasolina en cinco céntimos, según reportes en la península.
El recuerdo del corte del gas ruso tras la invasión de Ucrania volvió a pesar en consumidores e inversionistas. El avance del crudo se está trasladando rápidamente a los surtidores y amenaza con alimentar la inflación, además de ejercer presión sobre los bancos centrales para retomar el endurecimiento de la política monetaria.
“Vayamos preparando el bolsillo porque nos va a salir más caro llenar el estanque del auto”, dijo Manuel Hidalgo, profesor de Economía Aplicada de la Universidad Pablo de Olavide y investigador de EsadeEcPol, refiriéndose al impacto directo en los hogares. José Manuel Corrales, profesor de Economía y Empresa de la Universidad Europea, agregó que si la escalada se contiene podría haber una corrección parcial de precios en semanas, pero que una prolongación del conflicto amplificaría la subida.
La pieza clave es el Estrecho de Ormuz, el corredor entre Irán y Emiratos Árabes Unidos por donde circula aproximadamente una cuarta parte del tráfico mundial de hidrocarburos. “Los costes de los fletes de crudo y refino ya están reaccionando al alza. Se encarecen el continente y el contenido”, afirmó María Romero, socia directora de Análisis Económico y de Mercados de la consultora Afi.
Las consecuencias son múltiples. En España, una subida prolongada del petróleo puede traducirse en mayor inflación y en una presión al alza sobre el euríbor, la tasa interbancaria de referencia en Europa que determina el costo de muchas hipotecas. Para los países fuera de Europa, el canal es la inflación importada y la volatilidad en los mercados financieros.
Para Chile, el episodio importa por tres vías: el alza del combustible encarece costos logísticos y de importación, lo que puede traspasarse a los precios al consumidor; la mayor inflación global puede condicionar la decisión del Banco Central de Chile sobre tasas; y la aversión al riesgo puede afectar a inversionistas chilenos expuestos a mercados internacionales, como ya se vio con caídas en Wall Street vinculadas a la tensión.
Históricamente, los episodios de tensión en Oriente Medio han provocado picos temporales en el crudo, pero el efecto real sobre la economía depende de la duración y de la respuesta política y militar de actores clave, sobre todo Estados Unidos. Si el conflicto se enquista, los hogares enfrentan un costo directo mayor al llenar el auto y los bancos centrales enfrentan el dilema de luchar contra la inflación sin ahogar la recuperación económica.
Los próximos días serán decisivos: los mercados vigilarán el paso por el Estrecho de Ormuz, la evolución de los fletes y cualquier reacción militar o diplomática de Estados Unidos y sus aliados. En el corto plazo, la recomendación para las autoridades económicas es prepararse para mayor volatilidad y para una posible necesidad de ajuste en la política monetaria si la inflación se acelera.

