Entre agosto de 2025 y julio de 2026 se deforestaron 3.335 kilómetros cuadrados en la Amazonía de Brasil. Es la cifra anual más baja desde que comenzaron los registros históricos en 1988, según datos oficiales que el gobierno brasileño presentó este viernes en Brasilia.
La reducción alcanza casi 42% respecto del periodo anterior, informó La Tercera, que citó a la agencia EFE. El nuevo dato supera el récord previo por 1.236 kilómetros cuadrados, una superficie equivalente a la ciudad de Río de Janeiro.
Las cifras provienen de Prodes, el sistema satelital del Instituto Nacional de Investigaciones Espaciales (INPE), considerado la medición más precisa de la deforestación en el país. El periodo de referencia parte en agosto, en plena temporada seca, y termina en julio del año siguiente.
El presidente Luiz Inácio Lula da Silva reaccionó en X poco después del anuncio. Según escribió en esa red, su meta es llegar a la deforestación ilegal cero de aquí a 2030, un compromiso que asumió al iniciar su actual mandato en 2023.
El ministro de Medio Ambiente, João Paulo Capobianco, habló de una caída absolutamente estratosférica y dijo que el resultado es "como un sueño".
Desde 2022, el último año antes del regreso de Lula al poder, la tasa acumula una baja de 71,2%, según el INPE. La Tercera atribuye el descenso en gran medida a controles más estrictos y a inversiones estatales en las agencias ambientales. Durante el gobierno del expresidente de extrema derecha Jair Bolsonaro (2019-2022), la deforestación en la Amazonía había aumentado considerablemente, recordó la agencia AFP.
Los estados con peores registros en 2026 fueron Pará, con 33,9% de toda la deforestación amazónica, Mato Grosso (25,5%) y Amazonas (15,7%). Aun así, en los tres la tala cayó más de 45% frente a 2025. El único estado donde empeoró fue Roraima, con un alza de 0,4%. Ese estado del extremo norte es un bastión de la familia Bolsonaro y sus aliados.
La tendencia también llegó al Cerrado, la sabana más biodiversa del mundo, ubicada al sur de la Amazonía. Allí se destruyeron 5.517 kilómetros cuadrados de vegetación nativa en el mismo periodo, una baja cercana a 24% y el nivel más bajo desde que existen registros para ese bioma, en 2001.
Márcio Astrini, secretario ejecutivo de la red ambientalista Observatorio do Clima, calificó el resultado como una "conquista histórica". A su juicio, demuestra que con voluntad política es posible frenar las motosierras y las emisiones de gases de efecto invernadero.
El dato importa más allá de Brasil. El país alberga cerca del 60% de la mayor selva tropical del mundo, clave en la absorción de los gases que provocan el calentamiento global. Para Sudamérica, incluido Chile, la salud de la Amazonía forma parte del equilibrio climático del continente, y la política ambiental brasileña pesa en cualquier negociación climática regional.
El futuro de esa tendencia depende de las urnas. El diario británico The Guardian advirtió que la continuidad de este logro pende de un hilo ante la segunda vuelta presidencial. En ella Lula enfrenta al senador Flávio Bolsonaro, hijo del expresidente, quien defiende expandir la minería incluso en tierras indígenas y minimiza el calentamiento global. Brasil vota el 25 de octubre.

