Varios cientos de personas pelearon durante horas con la policía este domingo en la Plaza de la República, en el centro de París. Habían respondido a una convocatoria en redes sociales que no tenía autorización. Por los nuevos saqueos, las autoridades desplegaron la CRS 8, una unidad especializada en mantener el orden público. Lyon, Marsella y Toulouse también registraron incidentes.
Según informó T13, el sábado marcharon 550.000 personas de acuerdo con el Ministerio del Interior, mientras los organizadores hablaron de 800.000. La policía detuvo a 2.397 personas, cerca de la mitad en París, y más de 600 policías, gendarmes y bomberos resultaron heridos. Un manifestante falleció por un paro cardiorrespiratorio en la capital y una joven de 17 años perdió un ojo en Mulhouse.
El portal Ex-Ante entrega cifras algo distintas: unas 2.000 detenciones, 855 de ellas en París, y alrededor de 500 manifestantes heridos según algunos medios. Ese portal describe estos episodios como los peores disturbios que ha vivido Francia en décadas.
Todo partió el 17 de septiembre en el liceo Saint-Exupéry de Créteil, comuna de la periferia de París. Allí los profesores pararon porque había cargos docentes sin cubrir, y al día siguiente los alumnos se tomaron el establecimiento. Reclamaban por docentes sin reemplazo, salas llenas, jornadas pesadas y Parcoursup, la plataforma estatal para postular a la universidad, acusada de poca transparencia.
Hacia el 29 de septiembre la protesta ya tenía alcance nacional. Los estudiantes han bloqueado cientos de liceos y el gobierno reporta al menos 24 incendiados o dañados. El movimiento carece de líderes visibles: se organizó por Snapchat, se viralizó en TikTok y prendió primero en Seine-Saint-Denis y Val-de-Marne, suburbios populares de la capital.
La Francia Insumisa (LFI), el partido de izquierda que encabeza Jean-Luc Mélenchon, quedó en el centro del debate. Dos de sus diputados visitaron el liceo de Créteil el 21 de septiembre y difundieron el conflicto. El gobierno sostiene que LFI originó el movimiento, y el partido lo rechaza como conspiracionismo. Mélenchon marchó el sábado, se desmarcó de los saqueos y acusó al primer ministro Sébastien Lecornu de jugar con fuego.
La jornada del sábado tuvo otro eje: los precios. El encarecimiento de la vida, empujado en parte por la guerra en Medio Oriente, llevó a la calle a los chalecos amarillos, el movimiento nacido en 2018 contra el alza de los combustibles, respaldados por la Confederación General del Trabajo (CGT), la principal central sindical. El gobierno liberó reservas de diésel, pero tiene poco espacio fiscal: Francia paga hoy su deuda al costo más alto en más de 20 años.
Ese límite pesa sobre todo el cuadro. De acuerdo con The New York Times, citado por Ex-Ante, el Ejecutivo busca aprobar un presupuesto de austeridad con un recorte de 43.000 millones de euros al gasto público, en medio de un malestar que ha dejado a Marine Le Pen como favorita para la elección presidencial del próximo año.
Los daños se sintieron en todo el país. En Limoges, un incendio intencional destruyó la municipalidad, un edificio histórico de fines del siglo XIX. En Marsella hubo decenas de tiendas saqueadas, en Lille forzaron la alcaldía y en Lyon quemaron la oficina de turismo. Cerca de 1.500 comercios quedaron afectados. El alcalde de París, Emmanuel Grégoire, afirmó que calles completas fueron arrasadas metódicamente.
La actuación policial también está bajo la lupa. En las dos primeras semanas hubo más de 5.000 detenidos, 85% menores de edad. Las autoridades revisan al menos 34 denuncias de abusos, entre ellas la de un joven de 15 años que habría perdido la mano izquierda por una granada policial.
El presidente Emmanuel Macron culpó a grupos de ultraizquierda sumados a delincuentes, aunque reconoció que las demandas son legítimas. Según Ex-Ante, dijo: "Todos sentimos rabia y vergüenza". Anunció un gabinete de crisis y la posibilidad de prohibir marchas. Alcaldes y opositores critican al ministro del Interior, Laurent Nuñez, por no prever el dispositivo policial.
Desde la derecha, Le Pen habló de un gobierno agotado e impotente, su partido, Reagrupación Nacional (RN), pidió la salida de Nuñez y Bruno Retailleau, líder de Los Republicanos, exigió el estado de emergencia. Los analistas coinciden en que hay un malestar real, pero discrepan sobre el rol de LFI y sobre si las detenciones masivas buscan reprimir la protesta.
Para Chile, el caso tiene ecos conocidos. Fue una protesta estudiantil que se amplió al costo de la vida, se convocó por redes y no tuvo voceros, igual que otras olas que ha vivido la región. Ex-Ante reporta que el fenómeno ya llegó a Italia, Bélgica y Albania, con cientos de detenidos en Milán. Macron dijo que esta semana el gobierno citará a estudiantes, profesores y sindicatos, y la CGT respondió que el mandatario no entendió lo que pasa en el país.
