Francesco Vannucci, el empresario italiano dueño de la pizzería Brunapoli, quiere duplicar sus sucursales en la Región Metropolitana en tres años, de cuatro a ocho, según La Tercera. Después, su objetivo es llevar la marca a España.
Hoy Brunapoli tiene locales en La Dehesa, Los Dominicos, Vitacura y La Reina. Este último abrió hace dos semanas, según el medio. Vannucci dice que su apuesta está en el sector oriente de Santiago, pero que también evalúa aperturas en zonas cercanas. Como hasta ahora, buscará barrios residenciales antes que zonas de oficinas.
La historia partió con un trabajo que no resultó. Vannucci llegó a Chile tras un cargo en la Viña Lapostolle que no consiguió. Recorrió el país durante un mes y no encontró pizza napolitana de calidad. Volvió a Dubái, en Emiratos Árabes Unidos, y regresó con un pizzaiolo (pizzero) de esa ciudad. En noviembre de 2013 abrió el primer local en La Dehesa, con un nombre inspirado en Bruna, su abuela panadera.
Lo más difícil, según contó, fue conseguir un local. "Me miraban con escepticismo. Recibí muchos no", dijo. Los lugares que lo aceptaban no calzaban con su idea de un producto premium para un público ABC1, el segmento de mayores ingresos.
El plan de crecimiento tiene varias piezas. Con los años, la carta de Brunapoli pasó de centrarse en pizzas a ofrecer pastas y platos de restaurante, porque los clientes lo pidieron. Ahora Vannucci quiere volver al origen con una nueva marca enfocada sólo en pizza napolitana. El primer local está previsto para el primer semestre de 2027.
La segunda pieza ya funciona: Bottega Bruna, una cafetería de estilo italiano instalada dentro del nuevo local de La Reina. La empresa evalúa cómo le va. La idea es que más adelante tenga locales propios, separados de las pizzerías.
La tercera es reabrir Buriana, el restaurante de lujo que abrió en 2023 en Alonso de Córdova con una inversión de US$3 millones y que cerró en 2025. Vannucci reconoce que descuidó ese negocio porque se fue a vivir dos años a España después de ser papá a los 50 años. Su familia vive ahora en Chile y su plan es reabrirlo dentro de tres años, "aprendiendo de los errores".
Ese tropiezo también explica por qué no quiere abrir en regiones por ahora. Para él, irse a otra región sería como haberse ido a España. Primero quiere estandarizar la operación y darle a Brunapoli una estructura más corporativa, "menos de empresa familia chiquita".
Para eso, la empresa prueba un pequeño centro de producción en La Reina. Funciona como una cocina central: prepara salsas, pastas y otras recetas para los demás locales, de modo que una pizza sepa igual en Vitacura que en La Dehesa. Si la prueba resulta, pasaría a un espacio más grande e independiente.
España es la meta más lejana. Vannucci la describe como un sueño, no como un proyecto, y no descarta llevar la marca a otros países de América Latina. La Tercera no informa una fecha ni una inversión para esa expansión, ni el monto que requerirán los cuatro nuevos locales en Santiago.
Sí hay cifras de ventas. Vannucci estima que Brunapoli facturará cerca de US$8 millones este año, un alza de 5% frente al anterior. Para 2027 espera llegar a US$10 millones.