Octavio Rivero, delantero uruguayo de Universidad de Chile, sigue sin sumar minutos tras una sinovitis persistente en la rodilla izquierda, y esta semana la gerencia de Azul Azul deberá decidir si procede una intervención quirúrgica que determinaría su ausencia prolongada.
El diagnóstico, según la versión oficial del club, se produjo tras el primer amistoso de la temporada frente a Universitario de Lima, equipo peruano. En La Cisterna, en el Centro Deportivo Azul, la situación encendió las alertas porque en la dirigencia hay dudas sobre si el goleador llegó o no con una molestia previa al inicio de la preparación.
La gerencia técnica encabezada por Manuel Mayo sostiene que la lesión se produjo en ese amistoso, pero en el directorio de la sociedad anónima estudiantil no todos quedaron conformes con las explicaciones. La tensión se suma al mal rendimiento colectivo, que la propia dirigencia considera el principal problema del club esta temporada.
El cuerpo técnico optó inicialmente por un plan conservador: un programa especial de entrenamiento para desinflamar la articulación y permitir que Rivero jugara sin dolor. Esa estrategia se probó en partidos contra Audax Italiano y Palestino, sin el resultado esperado. El entrenador de Universidad de Chile fue claro en su postura: "no está pensado operarlo", postura que ahora podría revertirse si el delantero no mejora.
Si la dirigencia y el cuerpo médico optan por la operación, las proyecciones internas indican que Rivero podría quedar fuera entre tres y cuatro meses, lo que lo dejaría fuera hasta la segunda rueda del campeonato. Ante ese escenario, la normativa de la Asociación Nacional de Fútbol Profesional (ANFP) contempla mecanismos para inscribir reemplazos en casos de ausencias prolongadas por lesión, lo que podría abrir una ventana de fichajes para la U, aunque los detalles y plazos formales deben ser confirmados por el club.
En lo inmediato, la mira está en los próximos compromisos: la idea del cuerpo técnico es que Rivero pueda integrar la convocatoria para el partido contra Coquimbo Unido o, en su defecto, sumar minutos en la Copa de la Liga frente a Deportes La Serena. Si la evolución clínica no mejora, la intervención quedaría programada para la semana venidera, según fuentes del club.
El caso Rivero no es sólo un problema médico, sino también un dilema deportivo y estratégico para una institución que esperaba en él un refuerzo decisivo. La decisión que se tome en los próximos días marcará no solo su recuperación, sino también la planificación de Azul Azul en un mercado que empieza a moverse y en una hinchada que reclama respuestas.