Desconfianza en el sistema: viaje al origen de la ola reaccionaria Cometimos el error de minimizar y caricaturizar el ascenso del autoritarismo. Este populismo ultra aprovechó para colarse hasta el tuétano de la sociedad tras la desconfianza en las democracias que generó la Gran Recesión de 2008.
Si queremos que una recuperación democrática tenga éxito, no podemos quedarnos en una defensa acrítica de un sistema que no solo llevó a la crisis de 2008, sino que renunció a una salida justa de ella Las democracias del mundo están dañadas en su núcleo esencial desde la crisis de 2008: la confianza de la ciudadanía en que el sistema es capaz de proporcionar bienestar y justicia. Los movimientos de la nueva política parecieron capaces de subsanar esa fractura hace 10 años, pero fracasaron.
En paralelo, surgió un movimiento que cabalga sobre ese magma de desconfianza y parece capaz de definir una nueva época. En 2026 se cumplen 10 años de dos de los hitos fundacionales de la ola reaccionaria en la que vive instalado el mundo.
O, lo que es lo mismo, se cumple una década de la etapa histórica en la que nos ha tocado vivir, la de una realidad estridente, angustiosa, cruel y, hasta cierto punto, primitiva. Esos hitos fundacionales que cumplen 10 años son la primera elección de Donald Trump como presidente de Estados Unidos y el referéndum del Brexit, con el correlato nada menor del caso Cambridge Analytica, el primer “escándalo” (entonces aún se consideraba así) conocido de manipulación electoral masiva utilizando las redes sociales.
Diez años después, esos episodios, que en su momento pudieron parecer accidentes, desvíos momentáneos, exabruptos reconducibles (de hecho, en 2020, eso pareció en Estados Unidos, cuando Joe Biden ganó las elecciones), se revelan como el pórtico de una época nueva, aún confusa, pero de contornos que se van definiendo a medida que pasan los años: un mundo del cual ha desaparecido la compasión, sustituida por la crueldad como expresión del yo absoluto, del yo desatado en pro de la consecución de sus intereses, sin las ataduras y los límites que imponía el orden establecido, con sus normas y leyes. Todo aquello que se había ido construyendo, a duras penas y con mucho esfuerzo, para asegurar una convivencia humana respetable y digna de tal nombre, se ha ido desvaneciendo en el aire en estos últimos años de embestida a la carrera por parte de un poder que se siente (y se sabe) impune, desatado.

