En la segunda y última parte de su presentación en el Festival de Viña del Mar 2026, el comediante venezolano Esteban Düch dejó la rutina hablada para colgarse la guitarra y convertir el escenario en un pequeño teatro de nostalgias, metáforas y complicidades con el público.

Düch arrancó con Mi equilibrio espiritual, la canción del icónico programa chileno de títeres 31 Minutos, y la interpretación —más melancólica que la original— despertó los pedidos de Gaviota de Oro entre el Monstruo. Contó además que su hijo de ocho años lo cuestionó sobre las rueditas de la historia, y explicó: “Él entendía que en el mundo de 31 Minutos todos los objetos tienen alma, y las rueditas también la tenían”, idea que le sirvió para componer un nuevo tema.

En ese gesto de fraternidad artística, invitó al escenario a Rodrigo "Guatón" Salinas, humorista y actor chileno vinculado a 31 Minutos. La aparición incluyó la voz del personaje Juanín Juan Harry, de la citada serie de títeres, que celebró con un “¡Esteban, estamos al aire!” y pidió a la audiencia que encendiera las linternas de los celulares. Juntos interpretaron una canción nostálgica que, desde la mirada de unas ruedas, habla del deseo de ayudar a otro niño que necesita apoyo, y que funciona como metáfora de los lazos que sostienen las trayectorias artísticas.

Más tarde, en solitario, Düch presentó El mamut chiquitito quería emigrar, una adaptación de la canción infantil que introdujo una tensión contemporánea: el mamut como figura de la migración y de la búsqueda de hogar en tiempos inciertos. Ese pasaje, que mezcló ternura y reflexión, articuló la dupla temática del show, entre la memoria infantil y la condición nómade de muchos artistas y públicos.

Antes y durante las canciones, Düch no se limitó a la música: hizo guiños políticos, incluyendo referencias a Nicolás Maduro, presidente de Venezuela, y a George Harris, figura cuya mención el propio espectáculo no contextualizó más allá del chiste. Esa mezcla de referentes locales, latinoamericanos y personales describió un espectáculo que buscó hablar tanto a la risa como a la emoción.

Al final, el público correspondió. Düch se retiró triunfante, con las dos gaviotas en mano, celebrando que “el mamut se ganó dos gaviotas”, mientras la platea despedía una noche que combinó el humor con homenajes a la cultura chilena y una mirada sobre las migraciones y las solidaridades que las atraviesan.

La secuencia de canciones, la invitación a Salinas y la recepción del público confirman que, en Viña 2026, la comedia puede erigirse también en escenario para conversaciones colectivas: sobre memoria televisiva, sobre infancia y sobre movilidad humana. Queda por ver si esas canciones permean la rutina de Düch en futuros shows y cómo dialogarán con la tradición satírica y musical que 31 Minutos representa para varias generaciones chilenas.