En Madrid, en el edificio Nouvel del Museo Reina Sofía, Marcella Ciacci, coleccionista panameña de 58 años con base entre Madrid y Menorca, contó cómo una plataforma en línea y la consulta a expertos dieron paso a un proyecto editorial y un movimiento para compartir lugares de arte menos visibles. La selección parte de una votación entre 155 expertos internacionales y culmina en una lista de 99 espacios que buscan sorprender al público.
Ciacci explica que su impulso no nace de una curiosidad pasajera, sino de décadas de vida junto al arte. "No es que el arte contemporáneo sea elitista, es que hay tanto que puede intimidar. Yo quiero democratizar esa información", dice mientras hojea el libro. Su experiencia personal, y la memoria de su abuela Nonna, una china-panameña de tercera generación que fue farmacéutica, pintora y concertista de piano, alimentaron esa voluntad de compartir.
El volumen, titulado The 99 y publicado por La Fábrica, reúne desde museos globales hasta iniciativas escondidas en paisajes inesperados. Entre los ejemplos que marcó Ciacci está Inhotim, el museo al aire libre en el estado de Minas Gerais, Brasil, cuya visita en febrero de 2024 la dejó impactada. Relata que fue Emiliano Valdés, descrito en el libro como uno de los curadores más influyentes de Latinoamérica, quien le recomendó ir, y que la experiencia la motivó a pensar por qué esos destinos no figuran en rutas más generales.
El libro incorpora voces diversas. Entre ellas está Sumayya Vally, arquitecta sudafricana fundadora del estudio Counterspace y responsable en 2021 del Serpentine Pavilion de Londres, quien afirma que "el arte no es un lujo, sino una necesidad". Las entrevistas y ensayos, muchos recogidos por el periodista Brad Pine dentro del volumen, buscan ofrecer ángulos que ayuden a entender por qué ciertos lugares funcionan y qué pueden ofrecer a audiencias distintas.
Más que una guía turística, The 99 pretende ser una invitación. Ciacci insiste en que su objetivo es derribar la barrera que imponen los circuitos habituales del arte, y abrir puertas hacia territorios menos esperados, desde grandes plataformas hasta proyectos locales y fundaciones independientes. Con ello coloca en conversación lugares de Europa y Latinoamérica, y propone una lectura del coleccionismo como práctica social, no solo como acumulación.
Al cierre, la autora y promotora del proyecto subraya la dimensión colectiva de la iniciativa: no se trata solo de su gusto personal, sino de una red de expertos y creadores que mapean experiencias para ser compartidas. Ese gesto, dice, es la forma más potente de acercar el arte contemporáneo a públicos que muchas veces lo perciben como inaccesible.