El Presidente Gabriel Boric llegará este jueves a la Facultad de Derecho de la Universidad de Chile para participar en la inauguración de la obra "Cimientos de la facultad", en el edificio histórico de Pío Nono 1, en Santiago. Este acto público es uno de los últimos del mandatario antes del traspaso de mando previsto para el 11 de marzo.

La visita tiene una carga simbólica clara. Gabriel Boric, presidente de Chile, ingresó a estudiar Derecho en 2004 y construyó allí su trayectoria como dirigente estudiantil antes de dar el salto a la política nacional. Volver a la Casa de Bello remite a esos inicios y a la relación continua que ha mantenido con su alma mater durante su gobierno.

Esa relación no está exenta de episodios conflictivos. En 2009, cuando Boric todavía era dirigente estudiantil, encabezó una movilización que terminó con la renuncia del decano Roberto Nahum, quien entonces era decano de la Facultad de Derecho de la Universidad de Chile. El episodio marcó la vida interna del plantel y la trayectoria política de Boric.

Como mandatario, Boric participó de actos académicos en la Casa Central y usó esos espacios para reivindicar el rol del Estado en la educación pública. En enero pasado la Presidencia y la Universidad confirmaron que, según el estatuto universitario, Boric sigue siendo el patrono de la Universidad de Chile hasta la entrega formal del cargo.

La cita de este jueves llega en un momento de fuerte tensión política. En los últimos días la agenda pública ha estado dominada por la polémica del llamado "cable chino", el proyecto de cable con la empresa China Mobile, y por el quiebre en las bilaterales de traspaso con el presidente electo José Antonio Kast. En ese contexto, el Presidente enfrenta además una aprobación que, según la encuesta Cadem, se sitúa en 37%, según reportes públicos.

Políticamente, la visita funciona en doble clave. Para sus seguidores reafirma el compromiso con la educación pública y con los orígenes de su liderazgo. Para la oposición y para parte de la opinión pública, puede leerse como un acto de cierre de ciclo con carga simbólica, pero sin capacidad para cambiar el sentido práctico del traspaso ni resolver las tensiones abiertas con el gobierno entrante.

Para el ciudadano común, el gesto tiene efectos limitados en lo inmediato. La inauguración puede fortalecer la narrativa del apoyo a las universidades estatales, pero no altera problemas concretos que afectan a la ciudadanía, como la transición del poder, la gobernabilidad futura o las dudas sobre proyectos estratégicos mencionados en la discusión pública. En los próximos días, la agenda pública seguirá condicionada por las conversaciones entre equipos de gobierno y por las explicaciones que se entreguen sobre los hechos recientemente cuestionados.

La presencia de Boric en Pío Nono 1 cerrará una etapa visible de su vínculo con la Universidad de Chile. Más allá de la ceremonia, la jornada servirá como termómetro político de las últimas semanas de gobierno y como señal para sus bases antes de un traspaso que seguirá siendo observado por la opinión pública y el mundo académico.