Chile tiene Andes pero no acceso a ellos. El 80% del territorio nacional es paisaje montañoso, la cadena cordillerana se extiende por más de 4.000 kilómetros de norte a sur, y sin embargo menos del 3% de los chilenos vive en la montaña o llega a ella con regularidad. Es una paradoja que Claudio Seebach, decano de la Facultad de Ingeniería y Ciencias de la Universidad Adolfo Ibáñez (UAI), lleva tiempo denunciando: como país, vivimos de espaldas a la columna vertebral de nuestro territorio.

La reflexión tiene algo de íntima. Seebach recuerda que su padre, el fotógrafo de paisaje Norberto Seebach, lo llevaba a la cordillera desde niño, una experiencia que marcó para siempre su relación con la naturaleza. Ese vínculo temprano es exactamente lo que, según él, le falta a la mayoría de los chilenos. Sin ese acceso formativo, difícilmente se construye una generación que valore, proteja y desarrolle la montaña de manera sostenible.

Santiago concentra el problema con nitidez. Sus seis millones de habitantes enfrentan un acceso cada vez más restringido: cierres en los cerros Manquehue y Pochoco, restricciones arbitrarias a Farellones, La Campana y el Cajón del Maipo, e imposibilidad de llegar a lugares como la Laguna Negra, el volcán Maipo o el valle del río Cortaderal. A eso se suma la casi total ausencia de infraestructura pública: sin senderos habilitados, señalética ni refugios, el ciudadano que solo quiere caminar no encuentra soporte alguno.

La paradoja se agudiza cuando se constata que la montaña sí admite usos productivos. Las veranadas, la minería, la generación y transmisión eléctrica y los gasoductos operan en la cordillera sin mayor fricción. El ciudadano que quiere fotografiar o escalar, en cambio, tropieza con restricciones que ese mismo territorio no le impone a las industrias.

El contraste con Europa es elocuente. Los Alpes combinan desde hace generaciones el senderismo masivo con el pastoreo, la minería y los embalses. En Escandinavia y Escocia existe el right to roam, que puede traducirse como el derecho a deambular: la posibilidad legal de recorrer terrenos privados con fines recreativos sin pedir permiso al dueño. Escocia lo complementa con un código de conducta para hacerlo de manera responsable. Son marcos legales que demuestran que el acceso masivo y el uso productivo no son incompatibles.

Seebach plantea que Chile podría seguir ese camino, sobre todo si el país avanza hacia una mayor extracción minera en zonas de alta reserva de cobre. La condición es conciliar ese desarrollo con el cuidado de glaciares y fuentes de agua, y garantizar al mismo tiempo más y mejor acceso a la montaña para toda la ciudadanía. La idea que sostiene su argumento es tan simple como contundente: no se puede amar lo que no se conoce, ni cuidar lo que no se ama.