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Susan Sarandon reivindica la 'lucidez moral' tras recibir el Goya de Honor

Ilustración del perfil editorial Camila TorresCamila TorresEdición automatizada bajo responsabilidad de Periodismo2
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La actriz estadounidense obtuvo el Goya de Honor en Barcelona y defendió la esperanza frente a la violencia global, luciendo una chapa 'Free Palestine'.

Susan Sarandon, actriz estadounidense, recibió el Goya de Honor en la 40ª edición de los Premios Goya, celebrada en Barcelona este sábado, en una gala marcada por discursos de fuerte contenido político y social.

Visiblemente emocionada, Sarandon agradeció el respaldo del sector cultural español y habló de lo que llamó lucidez moral, una brújula para no sucumbir ante el pesimismo. "Tanta lucidez moral que me ayuda. Donde yo estoy en medio del caos y de la represión, esto me ayuda a sentirme menos sola", dijo en un pasaje de su intervención, que combinó memoria personal y llamada a la acción.

La actriz subió al escenario llevando una chapa con la consigna 'Free Palestine', gesto que se repitió entre otros invitados y que encendió el debate sobre la visibilidad política en eventos culturales. En su discurso lamentó que vivimos "días en los que el mundo está tan dominado por la violencia y la crueldad" y citó al historiador y autor estadounidense Howard Zinn, figura que, según ella, le ayuda a mantener la esperanza como motor de cambio.

El galardón le fue entregado por Fernando Méndez-Leite, presidente de la Academia de las Artes y las Ciencias Cinematográficas de España, quien destacó el "enorme placer" de cerrar su etapa al frente de la institución entregando el premio a una actriz que definió como "brillante y distinta a todas". El reconocimiento subraya una carrera que atraviesa comedia y drama, y que ha tenido presencia continuada en el cine internacional.

La intervención de Sarandon conecta con una tradición en la que el cine y las ceremonias públicas funcionan como espejos y amplificadores de conflictos globales. En América Latina, donde el cine ha sido herramienta para la memoria, la resistencia y la denuncia social, estos gestos suelen generar tanto adhesiones como controversias, y reabren la conversación sobre el rol del artista en la esfera pública.

Más allá de la polémica puntual sobre símbolos y consignas, su llamado insistió en una idea ética: centrarse solamente en lo peor paraliza, mientras que reconocer actos de compasión y valentía alimenta la energía necesaria para intentar cambiar el rumbo de los acontecimientos. La distinción en Barcelona vuelve a situar al cine como foro de debate, y plantea preguntas sobre cómo festivales y premios articularán en adelante arte, compromiso y memoria.

Fuente original

elperiodista.cl

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