La Secretaría Regional Ministerial de Medio Ambiente de la Región Metropolitana presentó el balance del Plan de Prevención y Descontaminación Atmosférica (PPDA), que cruza datos hasta 2024 y atribuye a medidas aplicadas hasta 2025 una mejora sostenida en la calidad del aire de Santiago. El informe combina resultados históricos con indicadores recientes y las medidas de política pública implementadas en las últimas décadas.

A mediados de febrero, el Ministerio de Transportes anunció la expansión del parque de buses eléctricos del sistema RED Movilidad, la red de transporte público de la capital. Con esa incorporación la flota llegó a 4.088 unidades, equivalente al 62% del total, y según el ministro Juan Carlos Muñoz la electrificación del transporte ha reducido “en un 80% las emisiones de material particulado fino (PM2,5) en la capital”, dato que el ministerio atribuye directamente a la renovación de la flota.

El informe del PPDA, que abarca desde 1989 hasta 2024, muestra una baja sostenida de contaminantes y sitúa a 2025 entre los mejores años del registro histórico. Ese proceso, explica la Seremi de Medio Ambiente de la Región Metropolitana, se sostiene en un conjunto de medidas estructurales aplicadas a las principales fuentes de emisión.

Sonia Reyes, seremi del Medio Ambiente de la Región Metropolitana, explicó a La Tercera que “los índices de contaminación atmosférica en la Región Metropolitana han mejorado bastante, fundamentalmente por la aplicación de medidas estructurales a las principales fuentes de emisiones contaminantes ambientales en la Región Metropolitana, como el transporte, que contribuye con un 39% de las emisiones a la atmósfera, la leña (38%) e industria (15%)”. Esa declaración pone el acento en que la movilidad es solo una parte de la ecuación, y que la calefacción domiciliaria sigue siendo un factor clave en los episodios de mala calidad del aire.

El PPDA relaciona hitos concretos con la reducción del material particulado, entre ellos el retiro de buses más contaminantes, la restricción vehicular, la prohibición del uso de chimeneas domésticas en zonas críticas, y la incorporación de buses Euro VI con estándares más estrictos de emisión. Los registros históricos recuerdan también el momento de quiebre de los años 90, cuando el esmog y las tradicionales micros de colores hicieron visible la crisis ambiental de la ciudad y el gobierno de Patricio Aylwin impulsó la ley de Bases Generales del Medio Ambiente y la creación de la Comisión Nacional del Medio Ambiente, Conama, que antecedieron la formulación del primer PPDA para la Región Metropolitana en 1998.

Los técnicos del plan destacan además una disminución en la frecuencia de los llamados “episodios críticos”, jornadas con niveles de contaminación que obligan a medidas de emergencia. Sin embargo, autoridades y especialistas coinciden en que la mejora debe consolidarse con políticas dirigidas a la sustitución de la leña por alternativas más limpias en la calefacción, junto al mantenimiento y la gestión eficiente de la flota eléctrica.

El balance deja, en suma, una doble lectura: una mejora cuantificable asociada a transformaciones en el transporte y regulaciones más estrictas, y la persistencia de desafíos vinculados a hábitos de calefacción y a la contaminación industrial. El próximo paso, según indican fuentes del ministerio y la seremi, será profundizar los monitoreos y evaluar el impacto real de la electrificación en la salud pública, mientras sigue abierto el debate sobre cómo equilibrar movilidad, calidad de vida e inversiones públicas en la ciudad.