Edyce Metalúrgica, la fábrica de estructuras metálicas que opera en la comuna de Talcahuano, en la región del Biobío, presentó una nueva propuesta de acuerdo de reorganización a sus acreedores. La empresa, vinculada a la familia Rocco Quiroz, lleva meses en un proceso concursal para evitar la liquidación, y su última oferta a los bancos y proveedores contempla la posibilidad de un cambio en la propiedad de la compañía.

El proceso partió a fines de 2025, cuando Edyce solicitó la apertura de un procedimiento de reorganización judicial, mecanismo contemplado en la ley chilena de insolvencia para que empresas con dificultades financieras renegocien sus deudas antes de llegar a la quiebra. Al presentar su solicitud, la firma reveló pasivos que superan los 33 mil millones de pesos, con el Banco Santander Chile, la corporación surcoreana Hyundai Corporation y la Tesorería General de la República como sus principales acreedores.

La compañía, asesorada por el abogado Ricardo Reveco del estudio jurídico Carey, atribuye sus dificultades a una combinación de factores que castigaron su negocio principal: la crisis del sector construcción, la paralización de proyectos mineros y el encarecimiento sostenido de los costos operacionales, acompañados de una menor inversión pública y privada. Edyce depende históricamente de la minería como fuente de demanda, lo que la dejó especialmente expuesta al ciclo de menor actividad que vivió el sector en los últimos años.

Pese al escenario adverso, la empresa sostiene que mantiene su reputación técnica y sigue ganando contratos en minería e infraestructura. Según informó, cuenta con 350 trabajadores, una capacidad instalada de más de 2.500 toneladas mensuales y una planta que supera los 100 mil metros cuadrados en Talcahuano.

El veedor designado por el tribunal, que en los procesos concursales chilenos actúa como supervisor independiente de la reorganización, advirtió que en caso de una liquidación forzada solo se recuperaría el 76% de los créditos garantizados, y los acreedores sin garantías no recibirían pago alguno. Ese diagnóstico da peso a la propuesta de la empresa: reprogramar los calendarios de pago y mantener la compañía en marcha, aunque eso implique abrir la puerta a nuevos inversionistas que podrían tomar el control de la sociedad.